Cortinas y paños

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El Renacimiento

Cortinas y paños

Si bien las cortinas han sido utilizadas en todas las épocas y culturas, es durante el Renacimiento que cobran protagonismo y jerarquía. Se convierten en un adorno de la nobleza y se inundan los palacios de tejidos suntuosos y exóticos.

Los patrones asimétricos reemplazaron los patrones simétricos durante la primera parte del Renacimiento, con cuadros que mostraban el movimiento que se volvía popular, por ejemplo, volutas florales, aves en vuelo y animales que corrían.

Desde el siglo XIV Italia ya producía bellas sedas, pero en el siglo XV los italianos se encontraron compitiendo con los franceses en la producción de estas exquisitas telas. Cobraron relevancia los gobelinos, esos tapices increíbles fabricados en Manufacture Royale des Gobelins de Paris.

Los tejedores italianos y flamencos se establecieron en Fontainebleau, al sur de Paris, para tejer elaborados tapices y en Lyon para producir sedas. Si bien la seda fue tejida en Inglaterra desde principios de 1400, sólo era alcanzada por hogares más ricos, así que la lana y el lino siguieron siendo los tejidos de la elección popular.

En Francia, la ropa de cama era bastante sofisticada en el siglo XVI, inspirándose en los cortinados antiguos de las iglesias. Las sábanas se adornaban con flecos, borlas y todo tipo de ornamentación. Las cortinas eran frecuentemente extravagantes, con motivos en oro sobre terciopelo negro o rojo y permaneció el encaje como material de borde.

Alrededor del siglo XVI se introdujeron tejidos de colores brillantes y pintados a mano traídos de la India. En esta misma época surge el dosel ceremonial, ese techo del cual se colgaban telas dando jerarquía y excelencia a altares y tronos. Y el dosel se traslada a los lechos nobles como elemento decorativo mostrando cortinados costosos, terciopelos o paños pesados de seda reforzados con lino, como símbolo de riqueza y estatus.

Lo cierto es que en esta etapa nació la necesidad de ocultar, esconderse de miradas indiscretas y preservar la privacidad de las cortes. Y las cortinas no sólo se utilizaron para cubrir las ventanas sino para adornarlas, al igual que a muros y a puertas.  Y fui así que los palacios se vieron envueltos en fastuosos drapeados, fajas bordadas en oro y una ostentosa pasamanería que inmortalizó esta época de tanta belleza y nos dejó su impronta inolvidable.

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