Una obra Minimalismo

La dualidad de las formas

La dualidad de las formas

La arquitectura minimalista como su nombre lo dice tiene como objeto destacar lo mínimo "less is more" o "menos es más" de ahí deriva el término y la tendencia de conseguir mucho con lo mínimo indispensable; de reducir a lo esencial, sin elementos decorativos sobrantes, para sobresalir por su geometría y su simpleza, utilizando materiales puros texturas simples y colores monocromáticos.

La vivienda se emplaza en un terreno de 1300,00 m2 con una excepcional ubicación en la zona Noreste de la Ciudad, sobre una vía de gran circulación vehicular que constituye uno de los principales ingresos al centro de la ciudad. Las dimensiones del lote permitieron proyectar un importante retiro de frente aislando la vivienda del ruido, la polución vehicular y las vistas desde la calle pero jerarquizando el contacto visual interior con el medio ambiente.

Recostada sobre la medianera Oeste, la vivienda se emplaza en un verdadero “oasis” constituido por una gran superficie verde que se integra con el interior, lo envuelve, lo ilumina y lo jerarquiza. Este es quizás el punto de partida de este diseño, por eso la presencia de aberturas de grandes dimensiones rodeando la construcción.

La dualidad de las formas

El vidrio ofrece un ambiente especial que rodea el edificio de cierta magia, pero además su ubicación fue pensada para aprovechar al máximo las condiciones naturales. Cada orientación permite una excelente iluminación natural y acondicionamiento térmico con su consiguiente ahorro energético. Los espacios tienen ventilaciones cruzadas, con la intención de generar corrientes de aire internas que enfrían el lugar en verano. Respondiendo a las premisas de su propietario se proyectó un gran espacio continuo de doble altura donde se ubica el estar que se vincula directamente con la cocina comedor y con el entrepiso, donde el dormitorio balconea sobre la planta baja eliminándose las circulaciones a través de pasillos. Esta modalidad de integración otorga gran dinamismo y riqueza espacial a los ambientes.

La Casa se plantea como un elemento introvertido – extrovertido y al mismo tiempo arraigado al territorio. Se abre al visitante pero al mismo tiempo reserva espacios para la intimidad y la reflexión; dualidad en las formas y en el funcionamiento global del edificio que también se manifiesta en el tratamiento de los espacios. Blanco y pureza de líneas en el exterior, textura y color en el interior.

El edificio puede ser abordado desde todas las direcciones pero se accede a través de una entrada directa a la acogedora sala de estar que constituye el centro de la vivienda. El tratamiento de la misma se realizó dejando la estructura sismoresistente y el ladrillo a la vista, otorgando calidez a través de las texturas y el color propio de los materiales. La estufa y la biblioteca, verdaderos centros de la sala, invitan a la conversación y al reposo.

La dualidad de las formas

En señal de las influencias modernas, los arquitectos se inspiraron en elementos de la arquitectura minimalista para el tratamiento de superficies, texturas y juegos de luz y sombra. Entre las principales características sobresale el uso de colores puros como el color blanco en todos los matices para lograr la unidad morfológica y la monocromía absoluta en techos y paredes. Sólo los accesorios son los que eventualmente dan un toque de color. Se privilegian las formas simples y geométricas asignándole la importancia al todo sobre las partes. En definitiva resumiendo el concepto minimalista de “todo es parte de todo.”

La dualidad de las formas

Este artículo se publicó en la edición 16 de Vivir Urbano. Leer la edición completa