Un lugar Embotellamientos en San Luis

La odisea de llegar

La odisea de llegar

Quienes vivimos en Juana Koslay y diariamente ingresamos a la ciudad de San Luis, encontramos numerosos obstáculos que debemos sortear. La avenida del Fundador, está atestadas de vehículos a las horas pico y transforma la entrada a la capital en una verdadera odisea.

Con el objeto de regular la velocidad de circulación de los vehículos, las autoridades del Municipio han construido en la principal avenida de acceso a la ciudad, descomunales “sendas peatonales elevadas”, ubicándolas frente a la escuela de Arte, a menos de cincuenta metros de un semáforo y en la mano contraria frente al parque municipal, aproximadamente cien metros antes del próximo el semáforo.

La verdad cuesta entender los motivos, por los cuales la última medida para la descongestión del tránsito y la seguridad peatonal que adoptó La Municipalidad en dicha zona consista en la construcción del recientemente estrenado lomo de burro.

La mala sincronización de los semáforos, la construcción del nuevo puente y personal pollcial cerrando un carril de acceso al puente derivador aunado a este nuevo regulador de velocidad y sobre todo las larguísimas colas de automóviles durante casi todo el día, crean esa sensación de que hay algo que no está bien hecho o que simplemente no funciona. Quizás alguna autoridad intente llamarnos para explicar tan inusitadas medidas.

Un semáforo es un dispositivo mecánico o eléctrico que regula el tráfico de vehículos y peatones y una senda peatonal elevada es una elevación del pavimento de la vía pública hasta la altura de la vereda, para inducir al conductor a reducir o moderar la velocidad. Básicamente, la función primordial de ambos recursos es la misma, reducir la velocidad y proteger al peatón. La semaforización estaba dando buenos resultados, se regulaba la velocidad y si la sincronización era la correcta, los peatones podían cruzar sin peligro y el tránsito se manejaba con fluidez. Sólo se puede objetar la ubicación del semáforo ubicado en la última curva de la Aguada que tiene cierto peligro latente si algún conductor desprevenido no frena a tiempo.

Sin embargo, la falta de planificación en la ubicación y los criterios empleados en el dimensionamiento y la ejecución de las sendas, han provocado inconvenientes no menores que los beneficios que se pretendían obtener.

Podemos observar que las características geométricas de la senda peatonal elevada obligan a los vehículos a circular a una velocidad inferior a 10km/h para no afectar la parte inferior del vehículo ya que las rampas de entrada y salida de la senda son demasiado cortas para el desnivel existente. Esta demora aumenta el tiempo de desplazamiento de los vehículos y provoca problemas de congestión al estar ubicadas en una de las arterias principales. No se trata de rapidez o velocidad sino de lograr fluidez en la circulación vehicular.

Así también provocan mayor contaminación sonora en el entorno, especialmente al paso de vehículos grandes y colectivos y además, generan incomodidad a los usuarios de ómnibus al superar el obstáculo.

Vuelvo al principio, cuando transitar se transforma en una odisea, algo está fallando, cuando prácticamente se superponen los elementos de control de velocidad y estas medidas sólo se traducen en caos, algo está mal diseñado o por lo menos funcionando deficientemente.

Si agregamos que para llegar a trabajar debo salir horas antes y pierdo un tiempo valioso por estos inconvenientes alguien, por lo menos, no me está respetando.

Este artículo se publicó en la edición 26 de Vivir Urbano. Leer la edición completa