Soluciones Energía solar

Desde el más allá

Desde el más allá

El autor de ciencia ficción Isaac Asimov escribió sobre las centrales eléctricas orbitales allá por 1964 cuando publicó un ensayo donde predecía cómo sería el mundo cincuenta años después: “recogeran la luz solar por medio de enormes dispositivos parabólicos e irradiaran energía a la tierra".

Mucho se ha investigado y desarrollado sobre energía solar y sus beneficios. De hecho hoy se habla de globos solares que producen 400 veces más energía que un panel solar tradicional y a un costo increíblemente menor. Estos globos, desarrollados por una empresa californiana, captan la luz solar y la concentran en celdas fotovoltaicas, multiplicando la energía que impacta sobre las celdas. Una energía limpia, de bajo impacto que abre un nuevo espectro respecto al futuro del abastecimiento de energía.

Mientras tanto a 80 km de Tokio, la empresa Kyocera se ha asociado con la corporación Century Tokio Leasing para construir lo que será la granja solar flotante más grande del mundo en términos de producción de energía. La granja tendrá más de 50.000 paneles solares que cubrirán una superficie de agua dulce de 180.000 metros cuadrados. Tienen previsto generar 16.000 MWh por año, equivalentes a unos diecinueve mil barriles de petróleo. Esta producción aseguraría un abastecimiento para unos 5.000 hogares.

Desde el más allá

No obstante, el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos en Washington (http://www.nrl.navy.mil/) está pensando un satélite de energía solar situado a 35 mil km de la superficie de la tierra, donde la luz solar es más brillante y que proporcionaría energía a cualquier lugar del mundo.

Estiman una inversión millonaria para poner un prototipo en funcionamiento que puede estar operativo para la próxima década. El proyecto propone satélites que capten la luz solar del espacio y la conviertan en mircoondas para transmitirla a la tierra en forma inalámbrica a antenas que las transformen en electricidad. La investigación comenzó en 2007 y de iniciarse su desarrollo, se podría contar un sistema piloto para el año 2021 con un costo aproximado de diez mil millones de dólares. Lo previsto supone alimentar a más de 150 mil hogares.

El equipo de científicos está liderado por el Dr. Paul Jaffe, ingeniero del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos (NRL), y recientemente ha sido premiado por el Departamento de Defensa por el concepto innovador en el aprovechamiento de la energía solar basada en el espacio.

El ingeniero aeroespacial Feng Hsu, presidente de la Comisión de Energía Solar y experto en riesgo de vuelo espacial de la NASA expresó al referirse al proyecto: "La energía solar espacial realmente atrajo el interés de la dirección del Pentágono, ya que puede minimizar la confrontación entre naciones y resolver los conflictos geopolíticos porque la energía es un gran problema."

Menos optimistas, los investigadores de JAXA (Agencia Japonesa de exploración aeroespacial – http://global.jaxa.jp/) trabajan en un proyecto similar desde 2009 y aunque en 2015 lograron transmitir electricidad por microonda en una distancia de 55 metros, estiman que "Llevará décadas antes de que podamos pasar a un uso práctico de esta tecnología, tal vez en la década de 2040 o posterior. Hay una serie de desafíos, incluyendo la entrega de gran infraestructura en el espacio, su construcción y mantenimiento."

Sabemos que los combustibles fósiles se están agotando, que la disminución de carbón, petróleo y gas natural es una preocupación mundial. La energía solar ha demostrado ser una alternativa válida pero actualmente la producción de energía mediante paneles tiene intermitencias durante largos períodos de días nublados, requieren de almacenamiento de la energía y las baterías son limitadas, ineficientes y costosas. Un satélite de energía solar en el espacio proporcionaría energía continua y tendría acceso a la luz solar ilimitadamente, sin interferencias de las nubes o la noche y no necesitaría de almacenamiento.

Sin duda la solución más esperanzadora de la última década.

Este artículo se publicó en la edición 34 de Vivir Urbano. Leer la edición completa