La arquitectura sigue siendo un arte con respecto a la expresión y las formas. Sus manifestaciones son tan diversas como fascinantes. La creatividad, la policromía y el juego de la luz y el volumen son las directrices de un diseño estético, funcional y único.
La arquitectura futurista tiene sus orígenes a principios del siglo XX de la mano de Filippo T. Marinetti estableciendo nuevos conceptos relacionados con la cultura, el arte y la tecnología.
En 1914 Antonio Sant’Elía, arquitecto y urbanista italiano, se une al Futurismo y escribe un manifiesto en el cual deja expresados conceptos que aún el día de hoy se encuentran más vigentes que nunca.

Dentro de las proposiciones que se plantean, están las líneas elípticas y oblicuas por su poder de movimiento mucho más fuerte que las horizontales y perpendiculares pues, la existencia de una estructura integral y dinámica, sin ellas no sería posible. Da la espalda a la utilización de perpendiculares, así como líneas horizontales, pirámides y formas cúbicas que “son estáticas, opresivas y graves, y extrañas a las sensibilidades modernas.”
También cita que “La inspiración para el arte antiguo fue extraída de elementos de la naturaleza. La arquitectura futurista encuentra sus inspiraciones dentro del mundo mecánico que crea donde la arquitectura tiene que ser la expresión más atractiva, la integración más eficaz, así como una composición completa.”
En cuanto a materiales especifica la utilización de la materia prima, así como de la disposición inicial de materiales crudos, desnudos o de colores violentos.

La arquitectura futurista promueve el uso de acero, vidrio y cemento, libre de pintura, ornamento o relieve, sólo rico en la belleza de su forma y líneas.
Hoy podemos observar que en los diseños futuristas predominan las líneas curvas y los colores intensos con un gran protagonismo de la iluminación. Los siempre vigentes dorados y los plateados, y la diversidad de materiales que obtienen terminaciones impecables.






