Pretenden que este museo sea un puente entre la cultura occidental y oriental, que muestre que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.
En este Medio Oriente tan convulsionado, tal vez el Louvre Abu Dhabi sea un eslabón de lo que Jose Martí pregonaba “Solamente un pueblo culto puede ser verdaderamente libre”.
Finalmente llegó el día de la inauguración de esta obra tan esperada. Todo está meticulosamente preparado, las túnicas blancas y los chador negros de los árabes se entremezclan con lujosos vestidos de gente de todas las culturas; franceses que formaron parte de este proyecto, orientales, africanos, todos presentes… hoy la cultura une.

Esta obra diseñada por el francés Jean Nouvel, premio Pritzker, que se comenzó en 2009 y cuyo presupuesto supera los 500 millones de euros, logra sintetizar la esencia de la arquitectura islámica mediante utilización de algunos de sus principales componentes, la cúpula, la trama y la recreación de las callecitas de las medinas árabes.
El museo está emplazado en la Isla Saadiyat, que como en la nota de Abu Dhabi publicada en Mayo describí, es una de las islas menores que están unidas al continente por puentes. Este promete ser un polo cultural junto al Museo Nacional que firman Foster & Partners, el Guggenheim de Frank Gehry, la construcción de un auditorio diseñado por la arquitecta Zaha Hadid y un museo marítimo, un proyecto de Tadao Ando; algunas de estas obras actualmente en ejecución.
Desde el puente arribando al Museo del Louvre se ve la imponente cúpula plateada, pero al llegar a nivel peatonal, parece más chica, pierde la escala monumental.

Los muros blancos minimalistas resaltan con el implacable sol y luz del desierto. Al ingresar, la mirada solo se dirige a la cúpula con sus estrellas y claroscuros de luz y sombra, sin dudas es la protagonista. Realmente se vive una atmosfera única, que se la ha comparado con las hojas de las “palmeras datileras de Al Ain”, es que el ingreso de luz tamizada por las 8000 estrellas de acero y aluminio, simula las sombras en el oasis de esta ciudad, a 100 km de Abu Dhabi, donde vivían las tribus beduinas.
Las ocho tramas superpuestas utilizadas en la cúpula representan el arte islámico, usa la repetición de formas geométricas también llamado “lacerías” para crear infinitos motivos a partir de un círculo dividido mediante polígonos regulares, en este caso las estrellas de múltiples puntas.
Debajo de la cúpula de 180m de diámetro, los espacios semi cubiertos se intercomunican a través de plazas, caminos y canales que unen los 55 edificios de baja altura, a los que Nouvel quiere recrear como zoco o antiguas medinas árabes.

El ambiente es plácido, sereno, los espacios se combinan con el mar celeste que se introduce al edificio con sus aguas apacibles logrando reflejos de luz.
En este otoño con máximas de 33°, en los espacios semicubiertos se siente un clima agradable amenizado por brisas provenientes del mar, contrastando con las bajas temperaturas dentro de las salas del museo; me pregunto si en verano con temperaturas superiores a 46° se podrán utilizar esos espacios de transición sin un sistema de refrigración.
El Museo Louvre Abu Dhabi en sus salas de exposición, pretende que sus visitantes experimenten un viaje a través de la historia, desde el comienzo de la misma hasta el entorno globalizado en el que vivimos hoy. Es un museo universal.

Propone también una línea pedagógica por medios audiovisuales, comparando obras de arte coetáneas realizadas en Oriente y Occidente.
En los 9.200m2 de galerías de arte se encuentra una mixtura de valiosas obras de arte, más de seiscientas, que deslumbran al más experimentado. Desde un brazalete de oro con figuras de leones realizado en Irán hace casi 3.000 años, un cuadro de Piet Mondrian (1922), la Cabeza de Buda (550 dC), un busto romano, páginas del Corán Azulun, (880 dC), el retrato de una mujer de Leonardo da Vinci, (1495) y un autorretrato de Vincent Van Gogh, (1887) que busca desorientado a sus compañeros del museo en Amsterdan, en Holanda.
Supongo que no es fácil llevar a cabo, sobretodo en este museo de tan solo 20 salas, esta ambiciosa idea de que converjan a través del arte las culturas de oriente y occidente.

La inauguración del Louvre ha tenido también sus detractores, tanto si provienen de la cadena Al Jazeera de Qatar, país con el cual Emiratos rompió relaciones en junio de este año, como también de círculos de artistas y académicos de Francia.
Se habla de obras robadas a Siria, de la cantidad que los árabes deben pagar para utilizar el nombre “Louvre” y hacen hincapié en la mano de obra esclava que construye estos edificios.
Es cierto que este es un país de inmigrantes, solo el 20% son emiraities, el resto llega de países del norte de África e India, escapando de la miseria, de las hambrunas de Yemen, de la crisis en Libia, de la Guerra en Siria, de la venta de esclavos de Sudán y de la guerra civil en Birmania.
Aquí encuentran paz, pero sufren la soledad de no poder traer a sus familias y el cansancio de muchas horas de trabajo bajo el sol, sin posibilidad de reclamar.
Las performances y shows organizados para la inauguración durarán cuatro días con el objetivo de “celebrar la experiencia de la diversidad”, se presentan grupos de los cinco continentes. Una cantante Colombiana precede a una corografía con los dragones Chinos y sus fantoches de temibles leones; las máscaras de Dogon representan África del Oeste que con zancos danzan y cantan rituales ancestrales; una exquisita conjunción entre música coreana tradicional y moderna, es ejecutada por músicos con instrumentos antiguos y modernos.
Como broche de oro un deslumbrante espectáculo de luz, video, música y danzas se realiza en las gradas del auditorio exterior que bordea la costa, con el edificio de fondo y las aguas del mar como escenario.
Realmente es una muestra de muy buen gusto, refinamiento y elegancia.
Y el atardecer nos cubre con su penunbra, la iluminación del edificio es tenue y la ”lluvia de luz” (Jean Nouvel) desvanece su encanto.



