Una mirada

Diferencia entre ahorro de energía y uso eficiente de la energía

De qué hablamos cuando hablamos de Energía?. La idea general que engloba para muchos de nosotros el concepto de energía es la fuerza necesaria para realizar tareas. Y si hacemos una definición científica, la energía es la capacidad que tiene la materia para realizar un trabajo. Pero, si a la palabra energía le añadimos el término ahorro, empezamos a revisar la casa buscando de apagar y desconectar esas fuentes que no son necesarias en ese momento.

Y qué sucede cuando hablamos de eficiencia energética? Quizá en ese momento la mente se queda en blanco o se tiene una imagen semejante a la del ahorro de energía. Sin embargo, ambos conceptos representan ideas muy diferentes enfocadas hacia una meta semejante: evitar el desperdicio de los recursos energéticos con los que cuenta la humanidad.

Para poder abordar la diferencia entre ambos conceptos, es preciso que en primer lugar los definamos brevemente y a continuación, podremos realizar un contraste entre sus semejanzas y diferencias.

EFICIENCIA Y AHORRO: DOS IDEAS DIFERENTES

El ahorro y la eficiencia de la energía no son importantes sólo para quienes corren una maratón, sino para todos, sobre todo si hablamos de la increíble dependencia que como sociedad tenemos hacia los combustibles fósiles. A pesar de qué ambas son importantes, representan formas diferentes de aproximarnos al problema.

Ambas son formas de disminuir el consumo general de energía, pero no de la misma forma. La eficiencia energética parte del punto neurálgico que se ahorra energía, pero se mantiene el mismo nivel de comodidad o servicio. Por ejemplo, si al salir de una determinada habitación apagamos las luces, estamos ahorrando energía. Si reemplazamos un foco incandescente (altamente ineficiente) con uno más compacto y que rinda más por la misma cantidad de energía, estamos practicando la eficiencia energética.

La forma más clara de mantener diferenciados los conceptos es pensando en el ahorro de energía como “recortar el uso de energía” y en la eficiencia energética como “usar la energía de forma más efectiva”. La eficiencia energética representa mejoras físicas como por ejemplo, reemplazar las luces, los electrodomésticos y mejorar el aislamiento de nuestra casa.

A primera vista, el cambiar hacia un uso eficiente de la energía puede parecer una mayor inversión y más difícil de lograr. Pero tenemos que pensar en las ventajas que presupone: no disminuir nuestro nivel de vida, y sobre todo, sacarle beneficios al máximo a los recursos energéticos con que contamos, lo que se traduce en un mayor ahorro económico al momento de pagar las cuentas.

¿Qué es AHORRO DE ENERGÍA?

Hagamos una comparación. Pensemos en la energía como si fuera dinero. Ahorrar dinero significa no gastar en algunas cosas, que quizás eran necesarias, con el fin de reservar una determinada suma con otro objetivo en mente. Es decir, al ahorrar, estamos almacenando nuestros recursos. Al hablar del ahorro de energía, la idea es muy semejante: de una cantidad de recursos energéticos dados, elegimos reservarlos, almacenarlos para más tarde, tomando para ello medidas muy específicas.

El ahorro de energía es una buena idea, pero no representa una solución a largo plazo. Estamos tomando recursos energéticos que ya existen y reservándolos para otros usos.

Ofreciendo un concepto más preciso podríamos decir que ahorrar energía es el acto de ahorrar los recursos energéticos reduciendo su servicio. En otras palabras, para ahorrar energía hay que dejar de utilizarla. Ciertos ejemplos son utilizar menos el automóvil, disminuir la temperatura del termostato uno o dos grados en invierno o desconectar el ordenador cuando no lo estemos utilizando. Como podemos ver, en todos esos ejemplos, lo que hemos hecho es reducir el uso de electricidad o combustible. Este tipo de medidas quizá se traduzcan en una reducción paralela de nuestras comodidades, pero así mismo representan una disminución en el coste de las facturas de electricidad y combustible que pagamos.

¿Qué es EFICIENCIA ENERGÉTICA?

Si usar de forma eficiente la energía implica una serie de medidas muy diferentes al ahorro de la misma, ¿qué puede ser? Aquí no estamos hablando de cortar el uso o reducir el uso que hacemos de nuestros recursos. Regresemos a la comparación con el dinero. Hacer un uso eficiente de nuestros recursos económicos no significa no comprar algo y guardar una suma en el banco. Por el contrario, significa valorar en qué estamos gastando nuestro dinero de forma mensual, apreciar por ejemplo, si estamos habituados a comprar la leche de cierta marca, ver que podemos comprar otra marca que es más económica y cumple con las mismas normas de seguridad, higiene y nutrición, es decir, no estamos dejando de beber leche; no estamos cortando nuestro confort o comodidad. Estamos sustituyendo sabiamente una cosa que nos satisface por otra.

Es precisamente eso de lo que habla la eficiencia: de maximizar el uso que hacemos de un recurso dado. Contamos con ciertas fuentes de energía, bueno, al usarlas de forma eficiente estamos explotando hasta la más mínima cantidad y en la mejor forma posible, de forma que además, no implique una reducción de nuestra calidad de vida. Hablamos de calidad. Utilizar eficientemente la energía representa precisamente eso: hacer un uso de gran calidad de nuestros recursos energéticos. En último término, se traduce inclusive en un ahorro, pero ése no es su objetivo principal.

Un paso más allá: el uso sustentable de la energía

Hemos explicado que el uso eficiente de la energía resulta una opción más viable al simple ahorro de la misma puesto que implica maximizar la forma en que utilizamos los recursos existentes, permitiendo con ello prever a futuro.

¿Cómo podemos diferenciar el uso eficiente de la energía del uso sustentable de la misma? La sustentabilidad en el uso de la energía trasciende a su utilización eficiente.

Un departamento de informática con ordenadores, produce un subproducto: calor. Si ese calor es disipado por un ventilador, estamos gastando energía adicional para el enfriamiento. Eso no es ahorro, ni eficiencia y mucho menos sustentabilidad. Si el calor simplemente se redirige por un canal de ventilación, esa es una solución eficiente. Una solución sostenible sería tomar ese calor adicional, ese desperdicio y redirigirlo para generar calor en otras oficinas o áreas de la empresa donde hay empleados trabajando en áreas más frías.

¿Cómo detectamos que ésta es una solución sustentable? Porque hay cero desperdicio. El alimentar esa área de informática con electricidad producida ya sea por paneles solares o alguna otra fuente renovable, nos daría un sistema sostenible casi perfecto.

AHORRO, EFICIENCIA Y SUSTENTABILIDAD: UN EJEMPLO PRÁCTICO

Los tres conceptos diferentes que hemos abordado hasta ahora nos hablan de producir un cambio sensible, no sólo como sociedad sino también como individuos. Implica una transformación de hábitos que a muchos nos parece no sólo difícil o cara, sino en ocasiones absurda y redundante. Nada más lejos de la realidad. Para probar esta idea, de que avanzar hacia la eficiencia y la sustentabilidad es la mejor alternativa que tenemos como sociedad, podemos abordar el ejemplo del poblado alemán de Wildpoldsried. En este pequeño pueblo, han escogido aproximarse lo más posible a la eficiente solución sustentable perfecta. Es una comunidad que produce un 321% más de energía de la que necesitan, gracias al uso de energías renovables. Con una población de 2600 habitantes, Wildpoldsried es un poblado que gana más de cinco millones de dólares adicionales al revender la energía adicional que producen. De más está decir que no consumen combustibles fósiles más que al mínimo y muchas de sus ganancias se reinvierten en cuestiones necesarias en términos sociales y de desarrollo económico para el pueblo.

Este poblado, rodeado de generadores eólicos, que recolecta biomasa y cuyos tejados está cubiertos de paneles solares, es la demostración fáctica que la colaboración entre ciudadanos e instituciones públicas y el cambio de mentalidad son suficientes para pasar de un uso inadecuado, al ahorro, al uso eficiente y finalmente al uso sustentable de la energía.

Entender adecuadamente estos conceptos es el primer paso para dar nuestro cambio como ciudadanos e individuos e involucrarnos en el uso cada vez más eficiente y sustentable de la energía.

Este artículo se publicó en la edición 44 de Vivir Urbano. Leer la edición completa