Una historia Arata Isozaki

Original, híbrido y ecléctico

Nara Centennial Hall. Nara, Japón. 1999. Fotografía: Hisao Suzuki
Nara Centennial Hall. Nara, Japón. 1999. Fotografía: Hisao Suzuki

El arquitecto japonés Arata Isozaki (Premio Pritzker 2019) tiene 87 años de edad y más de 60 años de trayectoria en el mundo de la arquitectura.

Su obra fue premiada por el esfuerzo de lograr una arquitectura con valor y significado, con visión de futuro, en la que se reinterpretan las sinergias globales y que, por estar en constante evolución, desafía cualquier acotación estilística.

Su interés en la diversidad cultural, se inspiró en la influencia de Japón de la posguerra que fue destruida por el bombardeo cuando fue ocupada por tropas estadounidenses.

Interior Centro de convenciones, Qatar. Fotografía: Hisao Suzuki
Interior Centro de convenciones, Qatar. Fotografía: Hisao Suzuki

Su trabajo se basa en la filosofía del arquitecto modernista Kenzo Tange, quien tuvo a cargo la reconstrucción de Hiroshima, y obtuvo el Premio Pritzker en 1987, padre de la moderna arquitectura japonesa, que dió pie al llamado movimiento del Metabolismo japonés.

La Arquitectura Metabólica si bien estuvo influenciada por Le Corbousier y el Brutalismo de Lloyd Wright, afirma las tradiciones niponas en el concepto básico del Zen. Los arquitectos japoneses comenzaron a explorar la relación entre el ser humano y el entorno construido.

Intentan superar la contradicción entre la naturaleza humana y la tecnología, de modo que la arquitectura moderna pueda tener en cuenta la naturaleza humana y la civilización tecnológica. En consecuencia, los edificios del metabolismo utilizaron alta tecnología en la superficie, pero el concepto básico del espacio fue completamente de las ciudades y edificios tradicionales de Japón y China.

Centro de convenciones, Qatar. Fotografía: Hisao Suzuki
Centro de convenciones, Qatar. Fotografía: Hisao Suzuki

Izosaki no se detiene en el Metabolismo, a partir de 1970 comenzó a sustituir los elementos tradicionales por elementos posmodernistas, es decir, bóvedas, esferas, elementos geométricos y hasta efectos visuales que permiten diferentes vistas de un mismo edificio.

Y sin dejar de interpretar las tradiciones japonesas y absorber la influencia occidental, no se encierra en un estilo, se reinventa sistemáticamente a través de los años dando diferentes y variados enfoques a sus obras.

“Mi única opción era construir a partir de las ruinas, ese nivel cero donde no quedaba nada. Me formé en varias técnicas y artes occidentales y las combiné con diversas tradiciones japonesas que apenas sobrevivían. Mediante esto, mi inclinación metodológica tendió a buscar problemas situados en las fronteras de las oposiciones dialécticas: real/irreal, material/ virtual, sujeto/otros, tiempo/espacio, este/oeste… Y me atreví a seguir un camino que podía describirse como poco original, híbrido y ecléctico, ya que no me era posible aferrarme a un único estilo para poder solventar esos problemas”.

Art Tower Mito, Ibaraki, Japón, 1990
Art Tower Mito, Ibaraki, Japón, 1990

Isozaki se ha convertido en uno de los arquitectos inspiradores de las nuevas generaciones que ven en su trabajo un profundo reconocimiento que va más allá de la arquitectura. Sus obras son un legado de cultura, filosofía y disciplina de trabajo.

“Prefiero tener ideas que tener estilo”.

“Las ciudades del futuro son en sí mismas ruinas. Nuestras ciudades contemporáneas están destinadas a vivir sólo un momento fugaz. Renuncian a su energía y regresan al material inerte. Todas nuestras propuestas serán enterradas. Y una vez más se reconstituye el mecanismo de incubación. Ese será nuestro futuro”.

Domus, La Coruña, España, 1995
Domus, La Coruña, España, 1995
City in the Air (1962)
City in the Air (1962)

Este artículo se publicó en la edición 51 de Vivir Urbano. Leer la edición completa