No existen, actualmente, estados desarrollados o sub-desarrollados sino, de sobrada, media, escasa o nula acumulación material. El desarrollo no implica pertenecer a un nivel material, determinado arbitrariamente, sino incorporarse, socialmente, a una serie de procesos que impliquen niveles materiales “intelectuales” y “morales” cada vez más perfectos; últimas condiciones que dan consistencia y sustento al desarrollo e impiden que se transforme en un mero crecimiento material insostenible en el tiempo.
Ante un problema, debido a la celeridad de los procesos de crecimiento material actuales, al hombre, se trata de aislarlo o alejarlo sensorialmente alineándolo a la vieja frase “ojos que no ven corazón que no siente”. Es así como la ética y estética arquitectónica se distancian dejando a las Personas indefensas y subyugadas a las circunstancias; la Casa ya no está íntimamente ligada a sus intereses productivos sino a sus crecientes modalidades consumistas, que no pueden asimilarse socialmente, causando situaciones de “ESTADO” cada vez más complejas y alarmantes.
La conciencia colectiva olvidó los cuatro elementos que el hombre endiosó por milenios: el agua, que conforma el 75% de su cuerpo, el aire que le permite generar trabajo y el sol, que lo provee de toda la energía necesaria y, conjuntamente con la tierra, lo abastecen de alimentos para crecer física e intelectualmente. De esta manera, en los últimos dos siglos, la Casa evolucionó contra natura, haciendo que el ser humano se transforme en su propio depredador. Este concepto de Casa Hermética tanto como la Casa de Cristal surgen en base a decisiones profesionales poco elogiables. Con respecto al uso racional de los cuatro elementos mencionados, que promueven, por el absurdo, otras decisiones menos elogiables aún.

La Casa Hermética es el mejor ejemplo para demostrar que a pesar de los conocimientos técnicos y avances tecnológicos de los últimos doscientos años, el ser humano se encuentra en pleno proceso de involución y sub-desarrollo.
Se podría verificar que la Arquitectura no colabora para nada con un funcionamiento económico eficiente, sino no se necesitaría una ley para lograr que los edificios sean eficientes energéticamente en Argentina, EEUU no sería el mayor responsable del calentamiento global con su desarrollo mal entendido y con un desmedido gasto energético que necesita guerras para mantenerlo "sustentable", las ciudades aportarían productivamente al desarrollo económico integral, cosa que no pasa y se han transformado cada vez más, en focos contaminantes y de crisis sociales permanentes, etc.
Evidentemente, los avances técnicos con sus aplicaciones tecnológicas, debido al gran desarrollo del conocimiento científico de los dos últimos siglos, no fueron suficientes para promover un hábitat equilibrado que, contra todas las leyes de la naturaleza; canalizan agua de lluvia transformando un potencial recurso hídrico en un gran problema hidráulico, derrocha gran cantidad de energía renovable sobre-demandando energía no renovable, consume superficie de suelo fértil para devolver contaminación ambiental y siembra más expectativas socio-económicas que las que puede cosechar, dejando a grandes núcleos humanos en situación límite de vida y con complejas situaciones de convivencia.
En definitiva, para revertir esta situación económica caótica y pésima administración del hábitat es necesario que la arquitectura tienda a ocupar un lugar preponderante en la actividad productiva de las personas y no solamente en la satisfacción de sus necesidades de consumo. Hoy las ciencias se encuentran suficientemente avanzadas como para posibilitar, a partir de la Arquitectura, la modificación paulatina de los perimidos sistemas ingleses de evacuación de fluidos, la revisión de las infraestructuras de las ciudades para permitir reaprovechar todos sus recursos materiales, desde la radiación electromagnética solar, pasando por las aguas de lluvia, hasta sus residuos que hoy causan contaminación y podrían ser una eficiente fuente de reconversión productiva.


