Para pensar sobre la composición arquitectónica asumo el rol como un músico para componer su canción, ya que en ambas profesiones se trabaja con el espíritu, apareciendo creaciones mágicas desde nuestra psiquis, expresándonos pronto en el papel, a la hora de volcar la idea.
Tomando como principal premisa de diseño la relación armónica con la naturaleza y a pesar de las limitaciones para combinar situaciones, fuí inspirándome en las entrantes y salientes de las sierras de San Luis, marco inigualable para cualquier proyecto, descubriendo mi forma de ver la naturaleza misma del lugar que se elige, la idea que nos ofrece primeramente el escenario mismo, el sitio.
Para la distribución de los ámbitos se tomó en cuenta la gran oferta que nos da el paisaje aprovechando las visuales del Cerro de la Cruz y todo el verde del entorno.

Grandes paños vidriados nos integran, nos hacen vivir el paisaje en cada ambiente, las generosas ventanas se transforman en un mural del paisaje. Tranquilidad, descanso, verde y formas que se incorporan a lo cotidiano de nuestras vidas.
Los colores juegan un papel fundamental, terracotas, amarillos pasteles y la utilización sutil del blanco, recrean los colores de la tierra integrando la vivienda con las sierras.
La tecnología aplicada se resolvió adoptando un sistema constructivo tradicional de columnas y vigas de encadenados, vigas placas y muros portantes. Las paredes de piedra jerarquizan ingresos y nos hacen recordar a las sierras.

Me sentí enamorado del lugar, de lo que me ofreció. En definitiva, es uno de los mejores sitios donde he tenido la dicha de expresar mi arquitectura y su lenguaje, sin invadirlo, sin dañarlo y por sobre todo dejando muy satisfechos a quienes habitan hoy la vivienda.
El verdadero gozo de un arquitecto consiste en hacer de su arquitectura, tanto como un buen cantante de sus canciones y su música, como de un buen poeta de sus poemas….
No es lo mismo ver que mirar, ven los ojos, mira el alma y el espíritu goza con todos sus sentidos.





