La reducción de las formas a lo elemental y el gusto por conmover sin ornamentos fueron los criterios que el arquitecto eligió para el diseño de esta vivienda.
El orden, la sobriedad y la alta influencia del racionalismo marcan la edificación en su conjunto.
La casa, a través de su envolvente de hormigón y vidrio, no sólo resuelve cuestiones estructurales y funcionales sino que se integra fluidamente al paisaje.

Una de las ideas fundamentales fué incorporar el paisaje natural al espacio de vida de la casa, por lo tanto el diseño borra las fronteras entre la casa y el jardín, creando transiciones fluidas y una sala de estar proyectada hacia el exterior.
Las aberturas y los paños vidriados provocan el encuadre perfecto para el riquísimo paisaje natural, formando parte del entorno y apropiándose de él al mismo tiempo.
La volumetría, compuesta de líneas austeras y techos planos posee una fuerza visual que se extiende a la disposición audaz pero simple de los volúmenes de geometría pura, pero con fuerte expresión.

Una arquitectura autónoma que ha dado como resultado paralelepípedos rectangulares cruzados en ángulo recto. Nada superfluo, nada demás.
Se trata de crear espacios dentro de un cuerpo, un objeto esculpido al que se le hicieron una serie de penetraciones que cruzan vertical, horizontal y transversalmente y que comunican o separan diversos ámbitos.
Los colores empleados se limitan al blanco y algunos tonos neutros propios de los materiales. El minimalismo en sí es espectacular, no necesita incorporar colores fuertes o llamativos que sólo aportarían más «ruido visual».

Desde lo funcional, el acceso se produce por la fachada sur hasta encontrar el punto de ingreso. En este lugar de visión privilegiada ingresamos a la vivienda.
El estar-comedor es el espacio más generoso, que se prolonga hacia el exterior gracias a de la continuidad del pavimento y de una abertura de gran tamaño en la fachada principal. La cocina puede integrarse espacialmente con el estar-comedor.
Una parte de la cubierta se ha hecho transitable para habilitarla como solarium y poder disfrutar así de las espectaculares vistas que se abren hacia el Norte.
Es increíble observar que algo tan ajeno al paisaje como un conjunto de prismas de hormigón parezcan pertenecer a él y al mismo tiempo definirse indudablemente como una construcción realizada por el hombre. Es ahí en donde reside la destreza de la buena arquitectura.



