La arquitectura y diseño de los centros de enseñanza constituyen un pilar fundamental para sostener las estrategias pedagógicas, determinar la calidad de la enseñanza y mejorar el rendimiento de los alumnos.
Deben responder a lograr espacios armónicos que inviten a vivenciar comportamientos y actitudes positivas. Procurar una distribución del espacio que fomente el aprendizaje y la sociabilización. Ser planificados para la diversidad de ofertas pedagógicas y dar cabida a la diversificación de actividades que la institución pueda desarrollar.
Tener espacios de usos múltiples que permitan la flexibilidad de actividades, equipados con estructuras móviles que permitan la integración o segregación de los mismos. Que sean amplios y en permanente diálogo con los espacios exteriores de recreación. Estar bien orientados y en excelentes condiciones de iluminación y ventilación.

El mobiliario requiere una especial atención cuando se piensa en la salud mental y física de los alumnos, responde a la integración, a las formas de trabajo y participación y sobre todo al bienestar y la permanencia pretendida.
El equipamiento debe ser flexible en su uso y diseñado para que se adapte a las distintas condiciones y características físicas de los alumnos. Ergonómico, de material duradero y fácil limpieza, no combustible y que cumpla las normas de seguridad e higiene específicas para su destino.
El diseño interior de los establecimientos transmite sentimientos y sensaciones tales como seguridad o inseguridad, relajación o tensión, alegría, bienestar, respondiendo a un orden y disciplina sumamente compleja. Y debe funcionar de manera tal que el alumno perciba a la escuela como un espacio de pertenencia, para aprender y poder expresarse, sentirse libre y transitarla en paz y con alegría.







