“El hábitat troglodítico fue desde la Prehistoria, una arquitectura rudimentaria o suntuosa, presente en diferentes tradiciones, y consiste en acondicionar hábitats subterráneos o excavados en las montañas.
Las casas troglodíticas eran generalmente horadadas en rocas sedimentarias (calcáreas arenisca, gres, toba, loess, etc.) o volcánicos (cenizas, travertinos, etc.) en cualquier tipo de clima.
Desde la cueva al castillo o a la ciudad subterránea, esta arquitectura tiene una función de hábitat temporal o permanente pero tradicionalmente toma otros usos domésticos o agrícolas e igualmente bastante a menudo, una función religiosa en múltiples sociedades. La gran diversidad de construcciones de estas características atestigua la capacidad del hombre para adaptarse a su medio ambiente”. (Wikipedia). Un ejemplo de esta arquitectura es Kandovan, un pueblo del condado de Osku, en la provincia iraní de Azervaiyán que permanece como un rincón detenido en el tiempo con curiosas casas excavadas en formaciones rocosas que se asemejan a una colonia de termitas. Desde el siglo XIII, los habitantes de este pueblo tallaron sus viviendas, de forma cónica, en la roca volcánica blanda de la zona, producto de las erupciones anteriores del ahora inactivo volcán Monte Sahand poniendo de manifiesto la necesidad del hombre de aprovechar y dominar la naturaleza para satisfacer sus necesidades. Kandovan es un ejemplo vivo de la adaptación humana a un entorno natural inusual, constituyendo una estructura física en donde la mayoría de las casas cueva son de dos a cuatro pisos de altura, utilizando por lo general, la planta baja para los animales, las plantas primera y segunda como salas de estar y la planta superior para el almacenamiento. Los interiores de las viviendas se dividen en un salón y un dormitorio muy oscuros con estrechos pasillos de vinculación entre espacios. Desde el exterior, las viviendas se ven tan similares entre sí que uno puede fácilmente perderse en el pueblo. Vías empinadas y pasillos están directamente tallados en la roca logrando parecerse a las imágenes de los cuentos de hadas. Durante cientos de años, la gente del pueblo se empeñó en mejorar sus residencias incluyendo ventanas, puertas, balcones y escaleras talladas en la roca. A pesar de los 700 años de edad, estas viviendas se han modernizado y cuentan con agua, electricidad y sistemas de desagües. También hay una fuente de agua de manantial que corre por el pueblo y tiene fama de ofrecer efectos curativos, utilizándose también para riego de los jardines en terrazas y para consumo de los animales. Estas casas, además de tener un aspecto surrealista muy característico y constituir un importantísimo bien del patrimonio rupestre pueden ser algunos de los mejores ejemplos de diseño pasivo en el mundo ya que sin proponérselo, logran el acondicionamiento ambiental mediante procedimientos naturales como la utilización de las características propias de los materiales de construcción y la orientación entre otras, logrando estructuras naturales en donde la roca volcánica endurecida proporciona una excelente masa térmica y el aislamiento necesario y muy eficiente para mantener los interiores cómodos durante toda la temporada larga y fría. La mayoría de las casas están orientadas hacia el sur (hemisferio norte) para lograr el asoleamiento durante el día a través de ventanas con vidrios decorados. Los habitantes de Kandovan subsisten mediante la venta de productos lácteos, carne, lana, miel, artesanías y legumbres secas pero también del turismo. Cerca de 300.000 personas visitan cada año este pueblo, alojándose en hoteles cinco estrellas, también excavados en la roca y con un alto nivel de confort.







