Javier Senosiain es, sin duda, uno de los más destacados arquitectos mexicanos. Su obra es única y ha desarrollado con gran talento y excelencia la “Arquitectura Orgánica”.
Fundamenta sus proyectos en el ser humano y su ser biológico creando espacios que satisfacen las necesidades físicas y psicológicas del hombre, en plena armonía con su hábitat natural, los cuales identifica como hábitats orgánicos.
Sus principales influencias fueron Frank Lloyd Wright, Hundertwasser, Gaudí, Rudolph Steiner, la naturaleza y el arte popular mexicano.

Es profesor en la carrera de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México y ha realizado diversas publicaciones tales como el libro “Bioarquitectura -En busca de un espacio” (2004) y Arquitectura Orgánica (2008).
En la práctica profesional ha desarrollado proyectos y construcciones de edificios de oficinas, casas habitación, plantas industriales y turismo. Utiliza diversos materiales como conchas, piedras, maderas, cenizas volantes, celulosa, fibra mineral, papel periódico reciclado o compuesto de resinas de baja toxicidad.
Tiene un elevado criterio en el uso del color, la iluminación natural y las formas curvas, además de ser un pionero en la investigación y experimentación de materiales moldeables.

En el campo de la investigación y experimentación ha profundizado en el uso del ferrocemento (mortero de cemento fuertemente armado con hilos de acero de pequeño diámetro o con tela metálica de malla fina en varias capas) en estructuras pequeñas y de gran tamaño, en la realización de estructuras neumáticas y en la elaboración de casas de poliuretano espreado (aislante térmico ecológico), cubierto con fibra de vidrio o poliurea (polímero sintético).
Les presentamos tres de sus obras, simbolismos de su arquitectura y los invitamos a interiorizarse de su obra en http://www.arquitecturaorganica.com/
Casa Amiba
Tres zonas públicas bien diferenciadas que requerían espacios muy delimitados: la cocina, la sala de televisión y un salón de juegos; de ahí que decidiéramos generar una planta baja con tres “patas”, que contuvieran dichos espacios y que, al mismo tiempo, estuvieran ligadas por áreas muy abiertas, en donde se encuentran el comedor y la estancia, con vistas ininterrumpidas y cruzadas, tanto hacia el campo de golf como hacia el jardín perimetral de la casa. En la planta alta, que se apoya sobre las tres “patas”, quedó la zona íntima, que tiene vistas privilegiadas hacia el campo de golf desde las recámaras y desde la sala familiar.

Casa Amiba – Ciudad de Itú, San Pablo, Brasil – 2013 – Superficie 282m2. Fotografías: Francisco Lubbert.
Casa Orgánica
La idea embrionaria del proyecto tomaba su símil de una cáscara de cacahuate: dos amplios espacios ovales con mucha luz, unidos por un espacio en penumbras bajo y estrecho.
El volumen fue resuelto en ferrocemento, recordando la suave envolvente de un embrión.

La idea era que el jardín cubriera la casa. La tierra y el pasto protegen a la membrana del sol, del viento, del granizo y del ciclo húmedo-seco. Desde el exterior sólo vemos pasto, arbustos, árboles y flores. El control bioclimático se logró con barreras vegetales de árboles y arbustos.
Las ventanas de la casa fueron orientadas hacia las mejores vistas del jardín, buscando preferentemente el sur para que no faltara el sol en invierno; tratando de encontrar la luz al igual que lo hace la flor.
Al contrario de lo que pudiera pensarse esta casa semi-enterrada resultó más iluminada y soleada que una casa convencional. La ventilación se facilita gracias a las formas aerodinámicas de la morada que permiten la libre circulación del aire.

Casa Orgánica – Naucalpan, Estado de México – 1984 – Superficie 160m2. Fotografías: Javier Senosiain.
Nautilus
Una planta en espiral donde la curva se va alejando progresivamente desde el centro y se va adecuando en el terreno.
Al entrar desde el exterior se sube por una escalinata y se ingresa al Nautilus a través de un gran vitral. Ahí se genera una experiencia espacial viviendo la secuencia de un recorrido, en donde ni las paredes, ni el piso, ni el techo son paralelos.
Es un espacio fluido en tres dimensiones donde se puede percibir la dinámica continua de la cuarta dimensión al caminar en espiral sobre la escalinata, con la sensación de flotar sobre la vegetación. Espacio continuo, amplio, integral, liberador de formas y luces cambiantes que siguen el ritmo natural de los movimientos del hombre.
Cimentación, muros, pisos, techos y muebles trabajan como un cascarón de ferrocemento entre 4 y 5 cm de espesor. Indudablemente el caracol fue el que determinó la continuidad de cada uno de los detalles formales, estructurales, espaciales y funcionales de esta construcción.
Nautilus – Naucalpan, Estado de México – 2007 – Superficie 330m2. Fotografías: Jaime Jacott.



