Entendemos como contaminación visual a la incidencia que cualquier elemento ejerce sobre un espacio o lugar público, perturbando la visualización, afectando la estética del paisaje, de tal manera que pueda llegar a impactar sobre la salud de los individuos.
Días atrás, un grupo de turistas intentaba fotografiar uno de nuestros mejores paisajes urbanos. Infructuosamente saltaban de una esquina a la otra para “esquivar” una telaraña de cables que, impiadosamente, desvirtuaba la belleza de la foto.
Este hecho puntual, sumado a algunos accidentes recientes, nos hizo reflexionar sobre uno de los males urbanos, que junto a la cartelería, producen contaminación visual. EL CABLEADO AÉREO.

El tendido de cables de los servicios de energía eléctrica, telefonía y televisión demuestra que el uso responsable del espacio aéreo público es materia pendiente, tanto para quienes lo ocupan, como para quien debe regular y controlar a las empresas que disponen del mismo. Metros y metros de cables se entrecruzan dando una sensación de peligro constante y alterando ostensiblemente el paisaje.
En esta nota y deliberadamente, dejamos que las imágenes hablen por nosotros, porque cada una de ellas refleja fielmente la realidad y tal vez, nos lleven a reconsiderar a la contaminación y no asumirla como algo normal sino como una verdadera agresión hacia la salud de los ciudadanos.






