Tener la posibilidad de decir unas palabras, mostrar algunas imágenes o de escribir unas líneas sobre el Medio Ambiente y todas las amenazas a los que se ve expuesto, nos pone, como medio de comunicación, en un rol social irrenunciable.
Difundir lo que se hace mal, o mejor dicho, lo que nos hace mal, será una obligación asumida; pero por esto de ver la copa media llena, de ser optimista aún en las peores condiciones, dar a conocer el esfuerzo que muchos organismos gubernamentales, ONGs o cualquier persona en el mundo hacen para revertir el daño que, desde hace más de 2000 años le hacemos al planeta, será nuestro compromiso.
En este número, el primero del 2012, mostramos algunos proyectos que han trascendido el campo de la teoría y se constituyen en prácticas innovadoras al servicio de la conservación del planeta y a la calidad de vida de quienes lo habitamos.
El manejo de nuevos conceptos en el campo de la eficiencia energética nos asombra día a día, al punto de considerar estos avances como el gran desafío que la humanidad tiene por delante y nos obliga a repensar hábitos y costumbres de todo tipo.
La escasez y demanda de recursos no renovables, como el petróleo, son causas de invasiones, declaraciones de guerras y sometimiento de países que si sólo tuvieran una hora más de sol por día (energía solar), ríos caudalosos (energía hídrica) o vientos fuertes (energía eólica) no representarían una amenaza para nadie.
Acompañar los adelantos tecnológicos con una actitud conservacionista del medio en el que vivimos y del que nos aprovechamos, debe dejar de ser una postura declamatoria y asumirse como una necesidad impostergable. Sólo así, los seres humanos seremos merecedores de la inteligencia y la voluntad con la que hemos sido distinguidos.



