Según el brillo o claridad del tono elegido la gama es interminable: Gris perla, gris ceniza, gris hielo, gris humo, gris topo, grafito, peltre, grisáceo, plomizo…
Es neutro y pasivo. Tan femenino como masculino, tiene la dualidad de la tristeza y la alegría del bien y el mal. No es cálido ni frío. No es espiritual ni material.
El gris proporciona ambientes serenos, tranquilos y de relajación. Genera una atmósfera que invita al descanso. Al ser un tono neutro admite la posibilidad de combinarse con cualquier otro color.

Es un color flexible, adaptable a todas las formas y tamaños. Nada lo condiciona y su sobrado equilibrio lo hace tan firme como versátil.
Aporta elegancia y se pueden lograr diversas alternativas decorativas. Los colores neutros aportan sobriedad, armonía y simplicidad. Un dormitorio blanco luce relajado y acogedor. El beige o los tonos ocres incorporan calidez y si nos animamos a utilizar el negro tendremos ambientes de gran presencia y personalidad.



