Una mirada

Contratos

Contratos

A partir de este número abordaremos la temática del derecho de los contratos y lo hacemos luego de haber tratado la responsabilidad. Esto es con el propósito metodológico de analizar la principal fuente de generación de las obligaciones y por ello de la responsabilidad, aquella que surgirá precisamente entre las partes al vincularse contractualmente.

Conocida que fuera entonces la institución de la responsabilidad, su génesis, sus presupuestos de existencia y sus derivaciones, estudiar el contrato nos permitirá desentrañar su estructura funcional dotada de aptitud y capacidad para hacer surgir la mentada responsabilidad entre otras cosas, formulado el planteo debemos reconocer que el ejercicio profesional en cualquier arista de especialidad en que se lo considere, siempre será mediante una relación de naturaleza contractual, ya sea ésta perfeccionada por la celebración formal o no. De esta manera podemos advertir la importancia y utilidad que puede tener articular con antelación la estricta vinculación que se da entre la concepción cuidadosa y precisa de un contrato y la consecuente generación de la responsabilidad que derivará de su ejecución. Empero ello y para alcanzar ese propósito, que con el tiempo y la reiteración de su ejercicio puede lograrse casi como un hecho de connotación estricta, necesaria y útil, es preciso conocer la anatomía funcional de la institución contractual a fin de poder controlar cada parte de la mejor manera en el momento adecuado o tiempo propio.

Desde luego, manejar una variable a destiempo no es dominarla y ella puede haber disparado efectos que ya no se neutralizarán cuando surjan, dando lugar a la aparición de hechos generadores de responsabilidad, muchos de los cuales ya han sido analizados en las entregas anteriores por lo cual a ellas remito. El contrato desarrolla una singular función dentro del orden económico; es la más relevante fuente de generación de obligaciones y contribuye de manera notable a poner en movimiento el sistema económico dado que está en su base misma, es una herramienta insustituible en el despliegue productivo, comercial y económico que realiza la sociedad de manera cotidiana para alcanzar sus finalidades; no existe necesidad social o humana que no resulte satisfecha por medio del contrato articulándose o interactuando con los objetivos generales y la función social. Desde luego este perfil se potencia cuando su desenvolvimiento opera dentro del marco de la economía liberal caracterizada de manera amplia por la propiedad privada de los bienes y medios de producción. El perfil contractual y su proyección económica se atenúa cuando su vida se despliega dentro de un sistema de economía central que condiciona la propiedad privada de las fuentes de generación económica y de los medios productivos. El contrato desarrolla una singular función dentro del orden económico dado que está en su base misma.

Este artículo se publicó en la edición 21 de Vivir Urbano. Leer la edición completa