El 5 de este mes se celebró, a instancias de Las Naciones Unidas, el día en el que todos los habitantes de la tierra leemos y escuchamos sobre las actividades que naciones, instituciones públicas y privadas y ONGs realizan, durante todo el año a favor del planeta: El Día mundial del Medio Ambiente. Hemos de sumar, en un análisis rápido y poco científico, más de doscientas mil citas en internet relacionadas con el tema, solamente en la primera semana de junio. Podríamos sumarnos también y aportar ese granito de arena para la concientización en el cuidado del planeta y escribir sobre los altisonantes slogans que encabezan las celebraciones en los países designados para tal fin.
“Alza tu voz, no el nivel del mar” es el que correspondió a este año y es en defensa de aquellos pequeños estados insulares que son azotados en forma permanente y letal por tsunamis y otras catástrofes naturales. Sin embargo, el aporte esta vez intenta ser por otro lado.
Hay estudios que tienen como un indicador de progreso de un lugar determinado, el crecimiento de su parque automotor y mientras esto suba o se mantenga todo está bien y así debe ser, seguramente, pero como el progreso debe ser amigable con la naturaleza, hay que animarse también a hablar de un mejor uso del automóvil.
En San Luis, el tema en cuestión se debe abordar desde el reconocimiento de ser una ciudad pequeña en tamaño y cantidad de habitantes, que sin embargo en los últimos años ha experimentado un crecimiento exponencial en la cantidad de vehículos en circulación, que por supuesto genera, además de grandes inconvenientes en el tránsito, una creciente contaminación ambiental y sonora. Entrar al centro por calle Caídos en Malvinas a la mañana temprano, circular por el casco céntrico; subir por calle Colón, bajar por Chacabuco o tratar de salir por calle Junín, es una prueba cabal de lo que estamos exponiendo.
No somos especialistas en el tema pero como alguna vez hablamos, en Vivir Urbano del uso de la bicicleta en el mundo, creemos que el transporte público como alternativa a nuestro auto particular, para ir a trabajar, a realizar trámites o compras al centro, durante la semana, tendría que favorecer, en primer término, a la mejora integral del servicio y en segundo lugar a nuestra salud, nuestra economía y al medio en donde nos desenvolvemos habitualmente.
Aquí van algunas consideraciones que nos deberían poner a pensar:
Evitar el uso permanente del vehículo combate el sedentarismo.
Vivir a más de 8 kilómetros del centro, por ejemplo, nos insumiría un gasto en ir y volver al menos una vez por día, de alrededor de dos litros de nafta o sea $ 23,18 contra los $ 5,50 del colectivo. Hay que sumar a veces el pago del estacionamiento.
Disminuir la cantidad de vehículos en el micro centro contribuye a reducir considerablemente la contaminación ambiental por gases y la contaminación sonora por ruidos.



