La intervención arquitectónica a la Avenida Illia, intención que desde el municipio se dio a conocer hace algunos días atrás, ha sido motivo de algunos comentarios.
Aunque muy poco se sabe del proyecto, que tiene como premisa la refuncionalización de tan importante calzada, no hay mesa de café ni taxi en la ciudad en donde no se toque el tema y se hagan conjeturas sobre cómo va a quedar y si atentará contra el ya caótico tránsito en la ciudad.
Y por eso de que tal vez, en unos pocos años no nos acordemos de cómo era esta diagonal tan cara a nuestra puntanidad, se nos ocurrió echar mano a lo viejo y a lo actual para esperar lo nuevo.

Hoy, por definición, sería más acertado tal vez la denominación de boulevar y no avenida, pero lo cierto es que esta arteria, construida en los albores del siglo 20, que une física y visualmente la vieja estación de trenes y la plaza Pringles tiene una extensión de aproximadamente ochocientos metros y en su trazado, importantes edificios que la transformaron en paseo obligado para nosotros y para los turistas.
Son frentistas de “la Illia” entre otros, el edificio de Vialidad Nacional, el Automóvil Club, la sede del Obispado; el Correo Argentino, la Escuela EPET 14 Mauricio P. Daract, el edificio de Turismo, los hoteles España y San Luis, Bares y Restaurantes.
Verdadero rehén político, la avenida fue inaugurada a principio del siglo pasado y se la llamó Quintana, en honor al presidente Manuel Quintana, quien durante su gestión contribuyó a la finalización de la construcción de la Estación de trenes.

En la década del ’50, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, se la rebautizó como Avenida Eva Perón y unos años después, Revolución Libertadora mediante, nuevamente cambió su nombre y tomó el original. Con el advenimiento de la democracia en el año 1983 se la denominó Arturo Umberto Illia, en honor al presidente radical que gobernó el País desde 1963 hasta su derrocamiento en 1966. Este es el nombre actual de la avenida y no sabemos si habrá más cambios en el futuro, pero lo cierto es que todavía muchos ciudadanos siguen empeñados en llamarla “Quintana”.
Fiel a nuestro estilo y muy apegados a la decisión de comunicar con imágenes, para esta nota debimos acudir a dos fuentes testimoniales importantísimas: Don José La Vía, a través de su formidable visión del San Luis de antaño y gente que nos emocionó con sus recuerdos y anécdotas y se emocionaron al evocar a sus padres y abuelos, los auténticos dueños de aquella ciudad incipiente. Las referencias de las fotografías tomadas del Archivo Histórico de La Provincia fueron ampliadas, en algunos casos, gracias a la colaboración de estos puntanos.
Los innumerables cambios en la fisonomía de la avenida son la cara del progreso de una ciudad que mantuvo un incremento demográfico constante durante gran parte del siglo pasado y explotó a finales de la década del ´80 con la radicación industrial.

En la avenida podemos ver construcciones de distintos estilos, grandes edificios, residencias familiares nuevas y antiguas y locales comerciales donde transcurre una actividad diurna importante y una vida nocturna intensa que le confieren una identidad única, que nos representa tanto como la tonada.




