Una mirada Elecciones en el Colegio de Arquitectos

El valor de la participación

Pocos términos se usan con más frecuencia en el lenguaje político que el de participación. Y quizá, ninguno goza de mejor fama. En el colegio hay elecciones y bien vale esta comparación.

Aludimos a la participación desde planos muy diversos y para propósitos muy diferentes, pero siempre como una buena forma de incluir nuevas opiniones y perspectivas. Tarea difícil, cuando la mayor parte de la historia del mundo se ha construido a través de líderes y de dirigentes que lo decidían todo y por todos.

Por eso la responsabilidad es la primera de las virtudes públicas que vale la pena considerar.

Ser libre implica ser responsable ante los individuos con quienes se comparte la libertad. Y en ese sentido, la participación ciudadana es también una forma de influir y de dejarse influir por quienes comparten la misma libertad de participar. Responsables ante nosotros y ante los demás, pues el propio régimen de libertades que hace posible la participación es, al mismo tiempo, su primera frontera. En otras palabras: sería absurdo que la participación llevará hasta el extremo de destruir la posibilidad misma de participar.

Otro valor que conviene recordar es la tolerancia: "reconocimiento de las diferencias, diversidad y formas de vida". Tolerar no significa aceptar siempre lo que otros opinen o hagan, sino reconocer que nadie es dueño de la verdad y aprender a respetar los puntos de vista ajenos.

La participación se construye necesariamente a través del diálogo: de la confrontación de opiniones de individuos independientes, que han decidido ceder parte de sus recursos y tiempo en busca de objetivos comunes, pero que también han decidido renunciar a una porción de sus aspiraciones originales para cristalizar una acción colectiva. Sin tolerancia, la participación seria una práctica inútil: no llevaría al diálogo, sino a la confrontación y la guerra.

Por último, la solidaridad: término difícil y controvertido que, nació desde los primeros momentos de la Revolución Francesa, esa revolución de occidente en busca de libertad, igualdad y fraternidad.

La idea de la solidaridad, siendo tan antigua, tiene que recrearse en el futuro.

Ningún gobierno puede dar solidaridad como tampoco puede dar democracia, porque ambas se desprenden de la convivencia entre ciudadanos.

Responsabilidad, tolerancia y solidaridad son valores que se entrelazan, Entonces, digámoslo: los miembros de una sociedad que busca y pretende la justicia deben ser solidarios, responsables y tolerantes. Son éstas las virtudes indisociables de la democracia." ¿Puede estimularlas la participación ciudadana? Sin duda, pues no hay otro camino que reconozca, al mismo tiempo, la civilidad y la soberanía de los pueblos.

Este artículo se publicó en la edición 24 de Vivir Urbano. Leer la edición completa