Una mirada

Comprar o alquilar

Comprar o alquilar

Aquí y ahora, situados temporalmente en la modernidad o la posmodernidad, según la línea de pensamiento a la que adhiramos, nos toca convivir en una etapa global que tiene como semblante bien definido de la cultura contemporánea, la ruptura y discusión con todo lo establecido.

Solemos afirmar, basados en convicciones estructuradas desde el ejemplo y la enseñanza de nuestros antepasados (bisabuelos,abuelos y padres), actores sociales de una época que sostuvo una lógica cultural en contextos más tradicionales, que uno de los objetivos primarios del progreso personal o familiar es tener la casa propia.

“Tener el techo propio” o “pagar alquiler es tirar la plata” son enunciados de un relato de fuerte anclaje en las clases medias urbanizadas, que no pierden sentido pero, si el brillo de verdad absoluta e indiscutible con el cual muchas generaciones fueron formadas.

Lejos de ser una provocación, deconstruir lo que muchos llaman “el mito de la casa propia” tiene sus fundamentos en una posición aparentemente más práctica que ideológica, propia de nuestro tiempo que reconoce la dinámica y la vertiginosidad de la vida actual, que camina a una hiper tecnologización en lo laboral, de sujetos altamente globalizados e integrados a un mundo más flexible, que cambia permanentemente.

En el mundo del trabajo, la tecnología avanza sobre sistemas pensados en otras épocas y para otras necesidades y a partir de ello, ha comenzado la reconversión de los modelos de contratación acorde con empresas sin lugar (espacio) y sin tiempo (horarios) que buscan perfiles bien definidos de su fuerza de trabajo (flexibilidad, rotación, aceptación al cambio etc.) y se pronuncian en contra de la figura del trabajador asalariado.

La imposición paulatina de lo provisorio sobre lo permanente, de lo individual sobre lo colectivo es una característica del sistema liberal y el rasgo esencial de una globalización que parece próxima a terminar con la diversidad cultural y cambia el estilo de vida de los individuos en el seno de la sociedad de la que forman parte.

Estos cambios llevan a descartar la posibilidad de la vivienda propia que les generaría un compromiso a largo plazo y algún riesgo financiero (hipoteca). No buscan “la seguridad” de la casa propia porque tienen más conciencia de mercado y los beneficios que éste puede brindar invirtiendo en otras cosas el valor de una propiedad. No encuentran motivos de placer en ser propietarios y atarse a un crédito o gastar sus ahorros para construir o comprar una casa que seguramente, se acomodará más a las posibilidades económicas que al gusto, en la cual deberán vivir 10 años o más y prefieran alquilar, fundando su decisión en otros parámetros: Vivir en zonas de máxima conectividad, elegir el mejor lugar posible, ganar en confort, adquirir otros bienes y servicios de calidad y cambiar rápidamente según las necesidades de espacio, zona o presupuesto.

Hemos aclarado debidamente en párrafos anteriores que estamos hablando de individuos pertenecientes a las clases medias, que han tenido y tienen algunas posibilidades de orden económico, laboral y de formación, pero hay también otra realidad muy distinta que se da en sociedades tan desiguales como la nuestra, donde existen sectores pobres urbanizados que no pueden acceder a la vivienda propia y se ven en la necesidad de alquilar.

El concepto acá es distinto pero la búsqueda transita en el mismo sentido, siempre de acuerdo a las posibilidades, está claro.

¿Si alquilamos un lugar para vivir, aun teniendo la posibilidad de comprar significará tal vez qué hemos abandonado el mandato “supremo” de la casa propia porque hemos ampliado nuestra cultura financiera?

Y si por el contrario, adquirimos una propiedad para vivir “en nuestra casa” y sentirnos seguros en la condición de propietarios y considerar que en ella se traduce el esfuerzo de nuestra vida y es lo más valioso (materialmente hablando) de finanzas personales ¿estamos actuando emocionalmente al desaprovechar un escenario económico nuevo, dándole la espalda a atractivas formas de hacer negocios?

Son dudas que, según creemos, no se contestan solamente con una calculadora.

Este artículo se publicó en la edición 59 de Vivir Urbano. Leer la edición completa