Soluciones Nuevos materiales

Ladrillos de hongos

Ladrillos de hongos

Superpraxis es un colectivo formado por la Arquitecta Juliana Lareu. Surge a partir de la voluntad de repensar y transformar las formas de relación con el medio y las diversidades humanas y no-humanas que habitamos. Actualmente se encuentra trabajando en la exploración y desarrollo de biomateriales en alianza con organismos vivos, conjugando naturaleza, arquitectura, ciencia y diseño en respuesta a las problemáticas ambientales y sociales que atraviesa el planeta.

Como resultado de sus investigaciones, Juliana Lareu creó un nuevo tipo de ladrillo a base de hongos que es más resistente que el hormigón.

Estos ladrillos están hechos a base de los desechos ecológicos de la producción de cerveza, junto con los residuos de astillas y aserrín de los locales madereros. “Quisimos dar vida útil al gran volumen de residuos y dar respuesta a la crisis climática a partir de la reutilización de residuos orgánicos, trabajando en alianza con organismos vivos, en este caso con el micelio, que es el filamento vegetativo de los hongos”, sintetiza.

Ladrillos de hongos

Con esta materia prima diseñó ladrillos que tienen un peso de solo 250 gramos, y que son capaces de soportar hasta 400 Kg de peso cada uno.

La porosidad que poseen les permite actuar como aislante térmico y acústico, pueden flotar, son ignífugos, biodegradables y 100% compostables. Son sumamente versátiles adaptándose perfectamente a cualquier molde siendo óptimos para diseños de arquitectura.

Los ladrillos tienen una duración de 30 años, luego comienzan a deteriorarse pudiendo ser fácilmente reciclados y compostados.

Ladrillos de hongos

El proyecto en su origen fue autodidacta y autogestionado, pero luego debieron asociarse con el Instituto Tecnológico en Polímeros y Nanotecnología (ITPN) para obtener datos precisos del biomaterial, y a ClonAR, centro de clonación de plantas y hongos de Mar del Plata, que aporta el inóculo del micelio. Luego se sumó al equipo un programador de Mar del Plata con quien incorporaron inteligencia artificial al proyecto para captar las vibraciones del micelio. Lo más increible es que los ladrillos pueden conectarse con los humanos de una manera inesperada. “La instalación de Superpraxis tiene un sensor de movimiento que se activa cuando capta la vibración de las personas y activa el sonido de los hongos, que se incorporó al proyecto como parte de la experiencia sensorial. El músico Rodrigo Tamay, a través de electrodos captó la actividad del micelio y se tradujo esa información en datos matemáticos que a través de una consola, biosonificador y sintetizador se traducen en sonido”, explica.

El valor del proyecto radica en visibilizar la capacidad de generar herramientas donde naturaleza, diseño y tecnología interactúen para dar respuesta y soluciones en términos ambientales.

“Los ladrillos son piezas con texturas y colores únicos porque responden a las condiciones climáticas del entorno en el que se encuentran. Cuando el refugio de Bariloche entró en contacto con la nieve, la cepa del hongo que usamos cambió de color y se volvió rojizo”, concluye Juliana Lareu.

Ladrillos de hongos

Construir con micelio será un gran desafío. Habrá que pensar que tipos de edificios completamente nuevos podrían hacerse a partir de hongos.

Este artículo se publicó en la edición 70 de Vivir Urbano. Leer la edición completa