Los centros históricos pueden considerarse como los lugares más simbólicos, apreciados, distintivos de las ciudades. Son los espacios le confieren un carácter especial, y que las hace diferentes de las demás ciudades. Son lugares donde existen monumentos históricos, conjuntos arquitectónicos y edificaciones simbólicas, elementos que en definitiva, son los que provocan esa diferenciación de la ciudad, y hacen sentir orgullosos a sus propios habitantes.
El centro histórico representa la memoria colectiva de la ciudad. Vestigios del urbanismo de diferentes épocas y arquitecturas de distintos estilos muestran la historia viva del pasado de la ciudad; por eso tienen un valor educativo y atraen el interés de viajeros y turistas. Pero además, la imagen colectiva de la ciudad se construye sobre esos elementos paisajísticos heredados. Los centros históricos encierran valores de convivencia para el conjunto de los ciudadanos. Sus calles y plazas son lugares de paseo y de encuentro, son espacios de diversidad y mezcla funcional que propician las relaciones sociales. Todos esto los hacen los espacios sociales físicos de más valor y de mayor complejidad de la ciudad.
El centro concentra y ha concentrado funciones políticas, administrativas, religiosas, económicas,etc. y concentra la mayor cantidad de edificaciones que pueden ser consideradas monumentales (ex Casa de Gobierno, Iglesia Catedral, Escuela Bazán, Colegio Nacional, Municipalidad).

En el centro se sitúa la mayor parte de la historia de la ciudad, ya sea por ser el escenario de hechos relevantes, como su zona de origen desde fines del siglo XVII. Y es donde estuvo casi todo lo edificado hasta 1940 aproximadamente. (Plano 1).
Encontramos en los lugares que articularon y organizaron la ciudad, como la Plaza Independencia y la Plaza Pringles, importantes edificios públicos y privados que las rodean, constituyendo un evidente espacio percibido como nuclear y privilegiado, y también se encuentra la mayor parte o la mayor densidad del patrimonio edificado de la ciudad. Es allí donde se yuxtaponen los distintos sistemas constructivos y se mezclan los lenguajes en un proceso de renovación que se ha acelerado en los últimos años, por lo que constituye el espacio que requiere mayor atención respecto a su identificación y protección.




