¿Cuál es el horizonte para las mujeres que están atravesadas por una situación de violencia de género, si no poseen independencia económica, no poseen una red de contención, ni un lugar para vivir? Son muchos los casos, en que las mujeres, por no tener donde ir, soportan violencia sostenida en el tiempo, especialmente si hay niños y niñas en la conformación familiar.
Para la resolución de estas situaciones, es necesario disponer un primer espacio-refugio, salir de la situación de peligro y proteger a las infancias, donde estén garantizados los cuidados, el acceso al trabajo, a la salud y a la contención. Luego, será necesario disponer de viviendas de carácter más estable. Es decir, la vivienda por sí sola no garantiza la solución al problema, pero es una condición indispensable para que las personas en riesgo de exclusión puedan llegar a integrarse.
La vivienda proporcionará lo que se denomina la seguridad ontológica, es decir, la persona tiene la sensación de que su vida es segura, predecible y fiable. Para pensar en una política habitacional que acompañe a estas mujeres y sus familias, se deben comprender los procesos que ellas viven en estos contextos, sabiendo que a la situación de violencia de género se suma en muchos casos a otros tipos de violencia.
Deben existir medidas urgentes y temporarias, para que cuando las mujeres con sus niños lo necesiten, puedan encontrar refugio. Puedan proteger y protegerse.
El espacio donde vivir, si bien no es la medida única a implementar es una medida indispensable.
Las soluciones habitacionales no pueden ser estancas y definitivas, debe trabajarse con los tiempos propios de esta problemática.
El barrio República, desde un entramado social que sostiene y abraza intenta resolver, de manera autogestiva y apoyada por algunos organismos del estado, las alternativas para que las mujeres y sus hijos tengan un lugar para vivir.
Queda estudiar alternativas impulsadas por el estado como por ejemplo, reconvertir edificios ociosos, como en la ciudad de Montevideo donde las viviendas al comienzo son gratuitas y luego cuando la mujer está en condiciones, pueda comenzar a pagar alquileres progresivos. Urge atender las necesidades de este sector y brindar herramientas que permitan salir del círculo de violencia, y donde el deseo sea el motor de transformación.



