Una historia Constructores de San Luis

Con firma de autor

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Así como los artistas acostumbran firmar sus trabajos, hubo una época que también los constructores dejaban el nombre inscripto en edificios públicos y viviendas particulares.

Práctica inusual en estos días, sin embargo aún es posible hallar en San Luis algunas de esas antiguas rúbricas que eran marca registrada, y garantía de calidad a la vez.

Colgadas en los bordes superiores de las fachadas, a través de ellas podemos distinguir las diferentes etapas en que el casco céntrico fue configurando su actual fisonomía. Y al mismo tiempo familiarizarnos con la identidad de quienes protagonizaron esa transformación, al aportarle su impronta a la Ciudad.

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No en vano los nombres que más se repiten son los de Luis José Mollo y Francisco Picca.

Ingeniero civil uno y arquitecto el otro, ambos reunían a mediados de los ´60 la mayor cantidad de obras privadas. El dato lo aporta Jorge Pestchanker quien al volver de estudiar por esa misma época, recuerda: “eramos sólo 8 arquitectos los que había en San Luis”.

Con letras forjadas en metal o grabadas bajo relieve, también entre los rótulos aparecen constructores que hicieron los primeros barrios de la ciudad. Es el caso de Ucciardello, quien en 1950 tuvo a su cargo el "Sosa Loyola" (junto a Klusch). Y Emilio Saua que avanzaba ya con el "Nacional Evita" y después el "San Martín", tras haber terminado el Banco Nación.

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Otra de las rúbricas que es posible observar sólo dentro del radio céntrico, corresponde a Pablo Amiotti. Una empresa familiar que inició su papá Juan, con la edificación de la capilla y hogar San Vicente de Paul en 1924.

Luego vendría el cine Roma y las viviendas ubicadas entre avenida Justo Daract y Estado de Israel, por citar algunos emprendimientos más.

Recordado por haber construido el hotel Potrero de los Funes -la mayor obra con metros cuadrados cubiertos de la provincia-, tampoco falta la inscripción de Güerino Marega. El único grabado que lo menciona permanece en una casa familiar de calle Colón, acompañado por el apellido Fornasarig, un antiguo socio que tuvo.

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Pero entre los rótulos que más se destacan en la ciudad, nada como las firmas que hicieron realidad la ex Casa de Gobierno. Si bien al proyecto lo concibió el Ing. Carlos Massini, sólo figuran en la esquina de 9 de julio y Rivadavia los nombres de Olivier y Dieudonne (arquitectos), junto a Serpe y Guillet (constructores villamercedinos).

El edificio que fue inaugurado completamente recién en 1917, se asemeja a un palacio en el que sobresalen sus líneas renacentistas italianizantes, con algunos toques del academicismo francés. Un detalle importante además, es la decoración del interior y los revestimientos externos realizados por “La Yesera”.

Esta empresa que era propiedad de Manuel Oliart y su hijo, también ha dejado su marca en otro domicilio particular sobre calle Rivadavia, a metros de Bolívar. Allí está ubicada la vivienda y el consultorio donde atendió el doctor Julio Gardella, y en cuya fachada se descubre la inscripción: “Oliart Frentista”.

Tampoco dejan de llamar la atención las letras de molde impresas desde 1909, en la antigua sucursal del Banco Nación de San Martín y Belgrano. Sobre el frente del edificio, que a partir de 1954 alberga a la Intendencia Municipal, se lee: Arq. Salvador Mirate. Es el nombre de quien diseñó muchas de las sedes, que la entidad bancaria mandó a levantar a lo largo del País.

Arquitecto emblemático de San Luis, con trabajos ya centenarios que jerarquizaron la imagen urbana, la única rúbrica de Carlos Deluigi en edificios de la Ciudad se conserva en Ayacucho y San Martín. Construido a principios del siglo XX, en el lugar funcionó antiguamente un almacén de ramos generales.

A él corresponde también la ejecución de una obra de gran complejidad como fue en su momento la Iglesia Catedral. Además de las escuelas Belgrano, Mitre y Rivadavia; incluidos los frentes de la Paula Domínguez de Bazán, el Tiro Federal y las galerías filtrantes de donde tomamos agua los puntanos.

Sobre Deluigi, el arquitecto Perez Camargo destaca su amplio repertorio estilístico producto de la formación academicista que le permitió combinar estilos. A lo cual el artista Sánchez Vacca agrega que fue quien “contribuyó a modificar la fisonomía de la Ciudad, dejando de ser una aldea para transformarse a los nuevos tiempos que comenzaba a vivir”.

Este artículo se publicó en la edición 79 de Vivir Urbano. Leer la edición completa