Un borrador o boceto se refiere a un dibujo previo, a una toma de partido, a una representación inicial de un futuro proyecto. Encuentro a todas estas “rayas” previas, a cada primera palabra escrita, como la esencia de un proyecto de arquitectura; las hojas dibujadas en “blanco y negro”, las primeras y aquellas que pueden aparecer en el proceso de desarrollo. Blanco y negro como metáfora de inicio, de recuerdo, como una herramienta artística capaz de generar emociones, como la intriga, el suspenso, el romanticismo.
Las idas y vueltas en el papel son esas ideas donde todo empieza. El registro, su historia, es lo que nos hace entender el resultado final, los sí y los no, y los porqué del diseño. En ellos está lo que uno ve, o lo que elegimos ver para transformar. Los borradores son una guía, nos ayudan a no olvidar hacia dónde queríamos ir con nuestra intuición.
Hacer un borrador y otro borrador es contestar, discutir, repensar, conocernos. Porque en esos gestos está la arquitectura, y también el lenguaje de uno como arquitecto.
Una vez que las cosas entran por el trabajo del lápiz, permanecen de por vida; están escritas, están inscriptas.
Dibujar uno mismo, seguir los perfiles, ocuparse de las superficies, reconocer los volúmenes, los espacios, es primero mirar, estar apto para observar, tal vez para descubrir. En ese momento el fenómeno inventivo puede suceder. Se inventa e incluso se crea” (Le Corbusier, 1960).
A veces, no llegamos a ser conscientes de la importancia que tienen todos esos pasos que vamos dando antes de llegar a la arquitectura final.
La identidad se arma en cada una de esas hojas y toda arquitectura tiene sus borradores; conservarlos puede hacer al proyecto, en algún momento, más especial. Podríamos decir, que uno no podría volver a diseñar sin tener un lápiz en la mano.
Es como leer un libro en papel y subrayarlo, hay una sensibilidad implícita en la hoja en blanco y el lápiz en la mano. Tienen la fuerza suficiente para que una idea generadora cobre mayor valor.
Vivimos en un mundo donde vale gritar que la inteligencia artesanal es la que debe revivir. Le llamo hoja y lápiz a todas aquellas formas de expresarse con las manos. En estos días leí que “las manos son las antenas del alma”, y para hacer arquitectura, hay que sacarla a pasear.
PD.: Buscá compartir tiempo con un arquitecto. Tiene ilusiones, es soñador. Cree que un espacio, que ideas y poesías construidas, pueden cambiar el mundo.



