Empieza por una una viga que teje su fachada de esquina a esquina. En uno el extremo, corona el volumen de ingreso vehicular, continuando luego como un pórtico hasta el extremo opuesto. Enmarca así un patio de bienvenida, un retiro, un respiro, un vacío, por donde ingresa la luz del sol. Se proyectan luces y sombras sobre tres volúmenes diferenciados por sus texturas. Una de las masas se enfatiza por su desarrollo vertical, mientras que en el plano inferior, otra se articula en sentido horizontal, conformando cantero y antepecho de una de las aberturas. La sombra del árbol de la vereda que se cuela por el vacío juega entre tantos relieves, y…¡Pausa! Se arma así una escena. Y es aquí donde me gusta detenerme a observar una arquitectura que dice más de lo que muestra, un espectáculo digno de su atención, para guardar. Al observar una obra de arquitectura (en este caso me encontraba frente a una vivienda barrial de la calle Belgrano) hay que darse el gusto de armar un relato de lo que se ve. A medida que se panea de izquierda a derecha, de arriba a abajo el diseño, leer la arquitectura como una historia lleva a encontrar el sentido de mucha de sus partes. Me gusta llamar escena en la arquitectura a ese momento puntual de la observación donde los elementos presentes se entrelazan llevando al espectador a su punto de interés. Cobran valor juntos. Dejan de ser elementos individuales logrando unidad y equilibrio. Hay ritmo, porque hay factores en movimiento.
El espacio se compone cuando el conjunto de todos los elementos en juego es más fuerte que la individualidad de cada uno. Líneas, formas, texturas, luces, colores…cuando hay composición hay escena. Los invito a hacer foco en estos detalles; a observar las escenas escondidas en nuestras calles. En la prisa es más fácil perdernos, en la pausa la arquitectura aparece y nosotros respiramos.
PD.: Buscá compartir tiempo con un arquitecto. Tiene ilusiones, es soñador. Cree que un espacio, que ideas y poesías construidas, pueden cambiar el mundo.



