Una historia Castillo de La Toma

¿Patrimonio olvidado o destino turístico?

¿Patrimonio olvidado o destino turístico?

En la localidad de La Toma Vieja, en San Luis, se levanta una construcción singular: el Castillo de La Toma. Sus orígenes se remontan a 1592, cuando se inició el empadronamiento de los habitantes originarios en las Sierras de los Apóstoles, hoy Cerros del Rosario. La edificación habría concluido en 1856. Sus torres almenadas, muros de piedra, rejas y aire neogótico evocan un sueño inspirado en la nostalgia española, que aún perdura como testimonio de otros tiempos. En la fachada del altillo, las marcas de flechas revelan su carácter defensivo frente a los malones. Sus paredes fueron hechas con ladrillones de tierra local, mientras que mosaicos, rejas y otros materiales llegaron de España y Francia. Las maderas de pinotea de pisos y escaleras posiblemente provinieron de Suecia o Noruega. En su interior, amplias habitaciones estaban ricamente amobladas, convirtiéndose con el tiempo en un hito arquitectónico y patrimonial de San Luis. Hoy enfrenta el abandono y la degradación que lo ponen en riesgo de desaparecer. Mientras se lo utiliza como ícono turístico y cultural, presente en folletos, carteles y propagandas junto al mármol ónix, en la práctica es un edificio en ruinas. Los visitantes que llegan con expectativas de admirar una obra imponente se encuentran con los efectos del abandono.

Día a día, el castillo, sin resguardo ni protección, queda expuesto al vandalismo y al saqueo. La provincia puede perder una de sus obras patrimoniales más importantes, de diseño único y un valor incalculable, tanto histórico como simbólico. La falta de mantenimiento y seguridad lo condena a desaparecer y surge un interrogante urgente: ¿cómo rescatar y dar nueva vida a esta obra en riesgo? Una posible respuesta está en el turismo, entendido no solo como motor económico, sino también como herramienta de preservación cultural. El castillo podría restaurarse y reconvertirse en un espacio activo, abierto a la comunidad y a los visitantes. Su imponente arquitectura ofrece múltiples alternativas: desde posada de campo, hasta museo histórico. La clave estaría en integrarlo con la identidad productiva de La Toma, reconocida como capital nacional del mármol ónix, quien ha basado su desarrollo en la minería durante décadas. Incorporar al castillo, reconvirtiéndolo en un parador minero dentro de un circuito que incluya canteras, talleres artesanales de ónix y granito, y recorridos por la historia minera de la región, permitiría diseñar una propuesta turística única en el país. El visitante podría así experimentar la conjunción de patrimonio arquitectónico, cultura productiva y paisaje natural, generando empleo y fortaleciendo la economía local.

El desafío es claro: decidir si dejamos que esa memoria se derrumbe en silencio, o si la transformamos en un faro cultural y turístico capaz de proyectar a la localidad hacia un futuro enriquecedor. El tiempo apremia, pero aún es posible. Rescatar el Castillo de La Toma no sería solo un acto de preservación patrimonial: sería una apuesta a la creatividad, un homenaje a la actividad minera de la región, una oportunidad de turismo sostenible y un camino hacia un nuevo horizonte para toda para toda la región.

¿Patrimonio olvidado o destino turístico?
¿Patrimonio olvidado o destino turístico?

Este artículo se publicó en la edición 89 de Vivir Urbano. Leer la edición completa