Me atrevo a dar el consejo de escribir de arquitectura, porque al hacerlo es como agregar un espacio más a una casa.
Está la arquitectura, y está pensar la arquitectura que, no es más que otra forma de recorrerla intensamente.
La segunda posdata de la columna anterior me da pie a continuar, a intentar contagiar —de algún modo— esta “otra” manera de pensar la arquitectura: una arquitectura introspectiva, puramente subjetiva, hecha de pensamiento y pasión.
Ponerle palabras a la arquitectura es otra forma de llegar a los rincones más lindos que uno se imagina proyectar, a los que admira y desea que sean conocidos.
Escribir nos lleva a leer a grandes arquitectos poetas, a descubrir rincones construidos no imaginados, a ser críticos y empáticos con los diseños que nos rodean, nos lleva a acercarnos de otro modo a sus intenciones y a sentirlas en nuestro andar.
Escribir, y en cursiva, con la precisión y continuidad de un diseño pensado con calma.
Porque la arquitectura está ahí, constantemente, si uno quiere que así sea.
Escribir sobre arquitectura es ponerle puntos suspensivos (…) a las ideas que vagan entre lápices y papeles, o al revés, ponerle puntos suspensivos a un diseño ya desarrollado… para seguir leyendo qué espacios quisimos construir.
Arquitectura y sus puntos suspensivos, porque creo que no tiene un fin. Siempre tiene algo más para dar. Por eso me atrevo a insistir. A proponerles el consejo de escribir sobre arquitectura.
Porque hacerlo es construir un espacio más, un espacio que nace entre líneas, que da lugar a un diseño más intenso, a un recorrido nuevo.
Espacios vivos en palabras son lugares que difícilmente se pierdan.
(Des) cribirlos arma un registro, una memoria, como una fotografía.
Un diseño de puntos suspensivos.
PD.: Buscá compartir tiempo con un arquitecto. Tiene ilusiones, es soñador. Cree que un espacio, que ideas y poesías construidas, pueden cambiar el mundo.



