Soluciones Aislación con lana de oveja

Técnicamente correcto, humanamente comprometido

Técnicamente correcto, humanamente comprometido

La aislación térmica con lana de oveja es una alternativa natural que despierta interés interés en el sector de la construcción, especialmente dentro de los enfoques de eficiencia energética y materiales sustentables. Posee una estructura fibrosa tridimensional con ondulaciones naturales que permiten atrapar grandes volúmenes de aire en su interior que, cuando está inmovilizado, es el principal responsable de la capacidad aislante del material, ya que reduce la transferencia de calor por conducción. La lana de oveja puede funcionar de manera similar a otros aislantes fibrosos ampliamente utilizados en la construcción y presenta valores de conductividad térmica que generalmente se ubican entre 0,036 W/(k.m.) y 0,049 W/(k.m.) para densidades de 40 a 14 k/m3, lo que la sitúa en un rango comparable al de otros materiales aislantes fibrosos utilizados en construcción. Esta propiedad contribuye a la regulación de la humedad en los espacios interiores y ayuda a evitar condensaciones dentro de los sistemas constructivos, tanto tradicionales como en seco. La lana de oveja es un excelente regulador de la humedad. Un kg. de lana absorbe 300 gr. de agua sin perder su capacidad aislante, manteniendo así ambientes secos y confortables.

Cuando se utiliza en aplicaciones constructivas, la lana se procesa industrialmente para transformarse en mantas, paneles o rollos. El proceso comienza con la limpieza de la lana cruda proveniente de la esquila, donde se eliminan impurezas, polvo y parte de la grasa natural. Luego la fibra pasa por procesos de cardado que alinean y abren las fibras, generando una estructura uniforme. Finalmente el material se compacta y se fija mediante procesos mecánicos o térmicos con una densidad controlada. Las formas más comunes de su presentación son como manto, donde está estandarizado el espesor y densidad o como fibra suelta dónde su espesor se ajusta en obra. Además de sus propiedades térmicas, la estructura fibrosa de la lana también proporciona cierto grado de absorción acústica. Las fibras dispersan la energía sonora y reducen la transmisión de ruido, lo que puede mejorar el confort acústico en viviendas y edificios. Por esta razón, el material puede utilizarse tanto en muros como en cubiertas o entrepisos, donde cumple simultáneamente funciones térmicas y acústicas. Para su uso en construcción, la lana recibe tratamientos específicos que aumentan su durabilidad. Estos tratamientos suelen orientarse a proteger el material frente a insectos que pueden alimentarse de la queratina de la fibra, como las polillas, y también a mejorar su comportamiento frente al fuego. La lana tiene una resistencia natural relativamente alta a la combustión en comparación con otras fibras orgánicas, pero los tratamientos adicionales permiten cumplir con normas de seguridad más estrictas. En San Luis, la empresa Aislana produce este tipo de aislante. Se encuentra en las cercanías de La Toma, donde se aprovecha la disponibilidad de lana proveniente de la actividad ovina. La fabricación cercana a las zonas productoras permite agregar valor a una materia prima local y al mismo tiempo reducir las distancias de transporte del material. Este enfoque conecta la producción agropecuaria con el sector de la construcción y abre oportunidades para el desarrollo de materiales regionales más eficientes desde el punto de vista energético.

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Este artículo se publicó en la edición 92 de Vivir Urbano. Leer la edición completa