Una mirada

Coleccionar arquitectura

Coleccionar arquitectura

Para los apasionados de la profesión no resulta extraño estar invadidos de arquitectura casi las 24 horas del día. Reels y posteos de proyectos ocupan nuestra carpeta de guardados, pins de Pinterest de detalles que queremos recordar para diseñar, revistas de arquitectura subrayadas o marcadas con post-its, fotos de obras de nuestra ciudad o de algún viaje llenan la memoria del celular, etc.

La colección de arquitectura, como descubrí me gusta llamarle, es bastante subjetiva, tanto como el porcentaje de pasión que podamos tener. Ahora es el momento cuando alzo la mano y pongo en valor la postal, ese cliché que no pasa de moda, que se transforma y no desaparece. Mi forma de coleccionar en nuestra profesión. La postal de arquitectura como registro de lo construido, un fragmento de su diseño que uno elige guardarse en papel.

Las primeras tarjetas postales nacen en la segunda mitad del siglo XIX, en Viena. Comenzó siendo un medio de correspondencia más económico que las cartas, mensajes cortos y sin sobre. Rápidamente, fue un medio de comunicación visual. Los primeros diseños se centraron en vistas de ciudades y paisajes. En 1897, Argentina entra en el juego, siendo Buenos Aires la primera ciudad ilustrada. Se enviaban como obsequio informativo, o se guardaban como recuerdo de lo que se estaba viviendo, de lo que uno no quería olvidar. La popularización de la fotografía fue el causal, entre otros, de su ocaso. Pueda que hoy los que prefieren la tecnología la sigan eligiendo.

Pero los invito, también, a este romanticismo impreso, de diseño, que puede llegar a jugar con nuestra cordura.

Comprar una postal de arquitectura es comprar un pedacito de ciudad descubierto por los ojos de un enamorado, un artista. En un cajón o expuesta en el living comedor de nuestra casa, una postal también es arquitectura.

¿Y vos? ¿De qué forma coleccionas arquitectura?

PD.: Buscá compartir tiempo con un arquitecto. Tiene ilusiones, es soñador. Cree que un espacio, que ideas y poesías construidas, pueden cambiar el mundo.

Este artículo se publicó en la edición 93 de Vivir Urbano. Leer la edición completa