El fenómeno podría definirse como la emisión de rayos provenientes de materiales inestables llamados radioisótopos que son perjudiciales para los tejidos y células en distinto grado. Está demostrado con extensas investigaciones y estadísticas oficiales e independientes que la radiación, la contaminación de la cadena alimentaria con materiales radioactivos y, por consiguiente, las enfermedades que originan, han aumentado a escala global con la manipulación que el hombre ejerció en sus experimentos a través de explosiones de prueba o accidentales, bombas atómicas en guerra y diversas fallas operativas de las instalaciones nucleares. Los efectos que la radiación produce en los organismos vivos se han clasificado en cuatro grupos: los que producen cáncer, las mutaciones genéticas, los efectos en los embriones durante el embarazo y las quemaduras por exposiciones excesivas. Algunos de estos efectos se pueden dar también por exposición a elementos radioactivos en estado natural.
Los primeros dos grupos, cáncer y mutaciones genéticas generalmente se desencadenan cuando las dosis recibidas son pequeñas, pero prolongadas; en la gestación, por ser una etapa inicial de la vida en que las células del organismo se reproducen a ritmo acelerado. Las quemaduras se dan en accidentes o en explosiones nucleares. Se han hecho muchos estudios sobre estos procesos.
El organismo absorbe sustancias radioactivas desde alimentos, agua y atmósfera porque el código químico de ellas imita otras sustancias naturales necesarias para el cuerpo humano; los órganos creen que el CESIO 137 es POTASIO (mineral natural) y que el ESTRONCIO 90 es CALCIO (mineral natural). Por dicho mecanismo el IODO 131 ocasiona cáncer de tiroides.

Los residuos nucleares pueden mantener por miles de años su condición peligrosa debido a la inestabilidad y potencialidad de daño.
Las medidas de seguridad y la disposición de los desechos representan costos desmedidos y aun así los eventos naturales pueden superar todas las previsiones como ocurrió en Japón, una de las primeras economías mundiales.
En nuestro país, las plantas nucleares y otras instalaciones atómicas se encuentran en zonas densamente pobladas, cercanas a importantes cursos de agua y con los mayores recursos productivos. Tienen una tecnología perimida, incluso las que están en construcción (Dr. Hugo Velasco, UNSL, CONICET). Las estimaciones de riesgo son probabilísticas pero el Dr. Raúl Montenegro, Premio Nobel Alternativo 2004, afirma: “seguir manteniendo un programa nuclear fastuoso y con peligros inimaginables para que solamente produzca el 7% de toda la energía eléctrica consumida en Argentina es un despropósito”.
Conclusión: NO EXISTE RADIACIÓN INOFENSIVA – LA ENERGÍA NUCLEAR ES CARA Y NO ES LIMPIA.

