La propiedad implantada al pie de las sierras, está ubicada a 7 km del centro de San Francisco del Monte de Oro, a orillas del arroyo y rodeado de afloramientos rocosos. De 4 has de superficie, tiene muy buenas visuales al nuevo dique Las Palmeras, motivo por el cual se optó por implantar la vivienda en la zona más alta del terreno, evitando pensar en construcciones en dos plantas, ya que se trabajó con espacios expandidos y vinculados con pequeños desniveles que permitan integraciones visuales internas y creando una gratificante sensación de amplitud.
Para el desarrollo del proyecto se contaba con premisas muy fuertes a tener en cuenta:
La primera, el aprovechamiento del terreno totalmente virgen, entorno natural compuesto por palmeras Caranday, Algarrobos y otras especies autóctonas. La segunda, sin demasiadas exigencias de funcionalidad, resolver un importante desafió en los aspectos formales, su sustentabilidad y su materialización.

El programa era simple, típico de una vivienda pero por sobre todo y de gran importancia se debía lograr el mejor aprovechamiento de las visuales, ya que al sur tiene el camino hacia La Carolina, hacia el este las Sierras Centrales, hacia el oeste el arroyo y las sierras de Socoscora. Se intentó buscar el contraste con el entorno, marcando una diferencia fuerte entre lo natural y lo artificial.
La forma surge a partir de incrustar cajas de madera dentro de una “C” de hormigón armado, diferenciando unos elementos de otros con la materialización y evitando el contacto directo entre ambos. Los volúmenes geométricos incrustados son abrazados por una cinta exterior de hormigón armado que unifica formalmente y da expresión y movimiento a las fachadas.
La obra fue pensada en hormigón, madera, metal y vidrio con tres colores combinados, gris, negro y blanco. Formas simples, líneas puras y marcadas, equilibrio de llenos y vacios con mucha riqueza volumétrica.

La tecnología, el juego de las formas y el contraste espacial son el alma de este proyecto.




