Una mirada Bicicletas

Eficientes y saludables

Eficientes y saludables

Aún cuando somos personas absolutamente creativas, en Argentina, tomar ideas “prestadas” es un hábito muy arraigado. Copiamos leyes, marcas, modas; copiamos lenguajes y modismos, comidas rápidas y dañinas; copiamos estilos de vida y hasta algunos valores morales. Indiscriminadamente copiamos y adoptamos estas cosas como propias y las incorporamos a nuestra cultura.

La idea del uso de la bicicleta como medio de transporte generalizado surge a partir de considerar a este vehículo de tracción a sangre como el más eficiente, tanto en la protección del medio ambiente y el cuidado de la salud de las personas, como en la organización del tránsito en cualquier conglomerado urbano del mundo. Sería, a priori, una solución integral para organizar definitivamente el tráfico en el casco céntrico de nuestra ciudad.

La opción de excluir en gran medida al automóvil como medio de transporte nos resulta, en un primer momento algo descabellado, pero si pensáramos en un vehículo que no es contaminante, que nos proporciona un ejercicio físico saludable, que no tiene prácticamente costo, que no paga impuestos ni peajes, que no nos hace perder tiempo buscando estacionamiento, que el mantenimiento es casi gratis y podemos realizarlo nosotros mismos, que no tiene límites de edad ni condición social para su uso y que hasta nos mantiene flacos y dinámicos, sin duda deberíamos empezar a considerarla como parte de nuestra forma de vida.

Esta inquietud, sólo es viable a través de la sanción de ordenanzas que establezcan claramente derechos y responsabilidades, tal como se puede observar en distintos sistemas de transporte urbano en el mundo, en donde es realmente curioso ver, desde el urbanismo y desde lo social también, como conviven trenes, autos, bicicletas, ómnibus y obviamente peatones… y más asombroso aún es sentir que dicha convivencia es constante y armoniosa, que sucede a partir del respeto de cada uno por el otro, de las prioridades de paso claramente establecidas y por el cumplimiento de las normas de tránsito.

La infraestructura vial para el uso de la bicicleta como medio de transporte no se agota en la construcción de bicisendas, iniciativa que se ha contemplado en algunos lugares por donde se extendió la ciudad, sino que se debería adaptar la trama vial dentro de las cuatro avenidas al tránsito de este vehículo. Existen proyectos en los que se contemplan reductores de velocidad en algunas arterias, calles de ingreso y egreso al centro, onda verde, señalización etc.

Animémonos a proponer, no quedaría más que observar el microcentro puntano abarrotado de autos estacionados por todas partes, en doble fila, con escapes contaminantes y niveles de ruidos inaceptables, para que nos decidamos a usar la tecnología más avanzada del mundo, nuestro cuerpo, y la carguemos sobre una bicicleta para poner en marcha esta iniciativa que, quien dice, marche sobre dos ruedas.

Este artículo se publicó en la edición 16 de Vivir Urbano. Leer la edición completa