Una historia Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano

“Una forma de vida”

Vista interior de rampa de acceso
Vista interior de rampa de acceso

… y cuál fue mi sorpresa el día que mis padres nos llevaron a mi hermana y a mí, a conocer la escuela que ellos habían elegido para que cursáramos nuestros estudios secundario. Yendo hacia el establecimiento mamá nos contaba que era una escuela nueva en su estructura física, un edificio fuera de lo común, diferente a la tipología de escuela tradicional que conocíamos. Curiosidad y ansiedad nos desbordaban y cuando llegamos lo que vimos no tenía parangón. Desde la fachada que miraba a la ciudad, todo era “mágico”!!! No fue casual que nos enamoráramos rápidamente del lugar, por su arquitectura y por ser una escuela con un planteo edilicio grandilocuente: gigante pero amigable, espacioso pero íntimo, imponente pero cálido. Hoy desde mi profesión podría explicar cada detalle de “mi escuela” con variados conocimientos técnicos pero mi sentimiento hacia el Belgrano no me permiten ser objetiva ni técnica: cada rincón tiene una anécdota, cada espacio una aventura, cada metro cuadrado un recuerdo. Como arquitecta me identifico con las palabras del Arq Martín Lisnovsky en el blog “arquitectura + historia”: “De todas las obras recorridas por el país, es uno de los que me ha impresionado en mejor forma. Por la arquitectura y por ser una escuela con un planteo edilicio sumamente positivo y experimental, con ánimos de complementarse con los cambios sociales en elaboración por entonces. Pero más allá de la originalidad y las particularidades que encontré allí, llevaba el espíritu de los conceptos arquitectónicos que aprendieron los que me formaron a mí y por consiguiente estaba en plena sintonía con mi propia visión de lo que una obra de arquitectura debiera reflejar: una claridad de operaciones y una apuesta hacia los nuevos vientos para permitir construir una identidad basada en una cultura que aprende de lo universal para consolidar su propia estructura regional.” En un trabajo realizado por los Arquitectos Leblanc, Rovira y Weber, en TP1 2013: Análisis crítico de una obra de Arquitectura y sus relaciones con el clima y los materiales, ellos expresaron: “ Cuando se construyó se pretendió que el nuevo colegio constituyera “una forma de vida” tan rica y tan clara que determinara de manera inequívoca un grupo humano culturalmente definido y coherente: el de “los del Belgrano”, que como grupo gravitara culturalmente dentro de la agrupación mayor que constituye la ciudad. Ese objetivo de “unidad en una forma de vida” quiso estar fuertemente sustentado por el edificio: en términos formales “unidad” debía significar aprehensión del edificio como todo; en términos trascendentales “unidad” debía significar la aglutinación coherente de las actitudes y actividades dentro de un “estilo de vida”.”

Y así ha sido, así lo hemos sentido cada uno de los alumnos que pasamos por sus aulas: somos “los del Belgrano”!! Dónde quiera que vamos siempre encontramos alguno, los hay en todas las provincia de nuestro país y en todos los países del mundo; seguimos estando unidos en el sentimiento y en los recuerdos, somos una “unidad” casi diríamos de hormigón indestructible, llenos y plenos de orgullo por ser un granito de arena más en ese coloso!!!

Pileta cubierta
Pileta cubierta

Este artículo se publicó en la edición 17 de Vivir Urbano. Leer la edición completa