Una mirada Educación vial

La cara del desorden

La cara del desorden

En el acontecer diario de cualquier ciudad, si hay algo que abunda son las infracciones de tránsito. La educación vial de la población de cada una de ellas será la variable que marcará la cantidad de faltas cometidas y por qué no también, la “calidad” de las mismas.

San Luis, ciudad saturada de vehículos, tiene sectores en el microcentro de un caos extremo (sobre todo a horas pico), al punto de hacer intransitables algunas arterias que a pesar de contar con el estatus de zona rígida, es decir que tienen la prohibición de estacionamiento las 24 horas y están señalizadas con el cordón o sardinel en amarillo para hacer el tránsito fluido, apenas si lo logran de vez en cuando.

Todo vale si estamos apurados y alguna ventajita hay que sacar; para colmo los controles se realizan de forma espasmódica: o los inspectores pasan sin decir ni hacer nada o confeccionan multas compulsivamente. No se entiende qué determina una actitud o la otra.

La cara del desorden

Hay dos cuestiones importantes para aclarar: de no mediar conductas graves, con daños irreparables a terceros, toda infracción de tránsito no pasará de ser una contravención, es decir una violación a una determinada norma u ordenanza y no revestirá el carácter de delito, por consiguiente sólo se puede imponer una multa económica como acción correctiva y nunca retención o detención.

La segunda, algo más subjetiva, es la naturalización de las faltas de tránsito ya sea de los peatones o los conductores. Nos hemos acostumbrado a convivir con las infracciones y a nadie sorprende que alguien cruce a mitad de cuadra en vez de hacerlo por la senda peatonal o que algún conductor gire en U en alguna avenida o que haya autos estacionados en doble fila o en un acceso a una cochera sin ninguna razón aparente a más no ser la comodidad, etc.

Según datos oficiales el 90 por ciento de las actas por infracción se realizan en el microcentro y es lógico si tenemos en cuenta que en esas pocas cuadras se concentra muchísima actividad comercial, administrativa pública y privada y gran cantidad de escuelas que atraen a muchas personas y vehículos.

La cara del desorden

Ordenar el tránsito vehicular es una tarea de las autoridades municipales, pero también depende, en gran medida, de nuestros comportamientos como peatones y como conductores. Dejar de observar y cumplir las normas sólo para atender intereses individuales y no hacer un uso responsable y solidario del espacio público esta mal. Y eso debemos pensar antes de realizar maniobras que por acción u omisión causen problemas a los demás.

Las imágenes son sólo para la reflexión, no para exponer ni denunciar a nadie, porque si de educación vial hablamos, quien este libre de pecado que arroje la primera piedra.

La cara del desorden
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Este artículo se publicó en la edición 36 de Vivir Urbano. Leer la edición completa