El sistema constructivo de paneles de poliestireno expandido con hormigón proyectado viene acompañado de un buen número de ventajas comparativas con respecto a los sistemas tradicionales que iré mencionando pero antes me gustaría introducirme en el tema con una metáfora que puede ayudar a comprender el concepto de evolución.
Hace unos años llegó a mí una anécdota que ilustra muy bien innumerables acontecimientos de nuestra vida diaria. La anécdota en cuestión narra la historia de una receta familiar, un peceto al horno con papas y verduras al cual sin explicación aparente se le cortaban ambas puntas y se cocinaba al horno. EL asunto reside en el corte de las puntas del peceto, ese tema inexplicable frente a los conocimientos culinarios tradicionales se fue transmitiendo de generación en generación. Un día, algún pariente curioso descubrió el misterio, el famoso corte se debía ni más ni menos que al tamaño de la bandeja de la abuela, donde se cocinaba la carne. Por años hacemos cosas con recetas conocidas y no las repensamos para entender que hacemos bien y que hacemos mal. Lo mismo sucede día a día con los procesos constructivos de una obra. Estamos acostumbrados a levantar un muro de mampostería y luego picarlo para trazar las cañerías de las instalaciones. Con el consecuente costo de material y tiempo. El sistema de paneles viene a resolver en gran medida la secuencia de pasos de la obra. Comencemos desde el principio, o sea las estructuras. Los paneles son muy livianos, su peso final (con el revoque de concreto aplicado) es de 150 kg por cada metro cuadrado de muro, con lo cual las fundaciones reciben menor carga y se calculan con menor cantidad de hierros.
Luego comienza el montaje de los paneles y atado de los mismos. Para darse una idea de cómo se desarrolla esta etapa de la obra, es bueno imaginar el armado de una maqueta en escala. Los paneles se levantan, se atan, se apuntalan y se refuerzan entre sí con mallas especiales adicionales (planas y angulares). Luego comienza un paso que rompe con la receta de la abuela, las instalaciones: En este proceso sólo hace falta un alicate, una tenaza y una pistola de calor. Se traza el recorrido de los conductos con la pistola de calor deprimiendo el poliestireno expandido. Esta caladura de aproximadamente 4cm de profundidad deja el espacio necesario para el paso de los caños de agua, luz, gas, etc. Nada se rompe y las instalaciones ya están listas antes de revocar.

Luego se revoca y nuevamente la receta se renueva. Es necesario revocar con proyección mecánica o neumática, es decir que el cuchareado, chicoteado o azotado manual no es apto para este sistema, obligando al contratista a contar con maquinaria adecuada y a trabajar con un proceso optimizado de mano de obra. Es además, mucho más rápido que la aplicación del concreto a mano y eso también significa un ahorro.
Una vez revocados los muros, las losas y escuadrados los encuentros, dinteles y molduras, la obra pasa a ser una convencional, es decir, el piso, los revestimientos, los sanitarios y todas las terminaciones se ejecutan del modo convencional.
Podemos enumerar ventajas evidentes del sistema: Es estructural, no necesita de vigas y columnas adicionales. Poco peso propio= poca inercia ante las fuerzas provocadas por el sismo. Aislación térmica excepcional. A modo de ejemplo un muro de 14 cm terminado del sistema equivale térmicamente a un muro de 45 cm de ladrillo común.

Menores tiempos de ejecución hasta la etapa de terminaciones – Mano de obra calificada y con estándares de calidad altos para la buena ejecución de la obra. Los procesos constructivos no vuelven hacia atrás por lo cual no se pica ni debilita el tabique innecesariamente. Admite cualquier tipo de cubierta de techo: losas planas, cubiertas inclinadas de losa, metálicas o de madera. Es compatible con cualquier tipo de abertura, siendo recomendable el uso de pre marcos.
Arq. Luis Cervera, Mat. 925 C.A.S.L. clef.arquitectos@gmail.com


