Una mirada Baños mixtos

Adios a los binarios

Adios a los binarios

Los baños que pueden ser utilizados por cualquier persona, independientemente de su identidad de género, son un paso simple pero poderoso que ayuda a hacer que un espacio público sea realmente para todos.

Llamados unisex, mixtos, todo género o simplemente sanitarios, nos obliga a repensar el diseño de los espacios comunes desde una perspectiva más inclusiva y promover el debate no solo respecto de usos y prácticas arraigadas que limitan el ejercicio del derecho a la identidad de género, sino especificamente desde las normativas y el diseño.

Es aquí donde comenzamos a reflexionar, tanto en lo material como en lo simbólico, acerca del cambio cultural que nos urge para terminar con el binario varon-mujer y desnaturalizar la violencia simbólica a la que están sometidos aquellos que tienen que optar por algo que no son.

Adios a los binarios

La necesidad de crear baños públicos seguros, sostenibles e inclusivos, independientemente de edad, sexo, raza, religión o discapacidad debe abordarse como un problema urgente, lo que implica cambiar los códigos de edificación actuales para baños públicos, abrir oportunidades para convertir las instalaciones existentes y crear regulaciones apropiadas para futuros edificios públicos.

Una de las principales barreras para el diseño y la implementación es la señalizacion, el pictograma que identifica que un sanitario es para uso femenino o masculino, desconociendo y dejando sin espacio a quienes no están contenidos en este binario.

Específicamente el pictograma que identifica los sanitarios ya no alcanza para abarcar todas las identidades y orientaciones sexuales, además de no considerar situaciones de padres con hijas o visceversa, personas con discapacidad que necesiten asistencia de personas de otro género o bien atender a diversas cuestiones culturales o situaciones familiares.

El debate es mundial y se busca establecer una iconografía que deje afuera a los sanitarios como espacios de género.

Este artículo se publicó en la edición 58 de Vivir Urbano. Leer la edición completa