Félix Candela era arquitecto, pero su verdadera pasión era la ingeniería. Perfeccionó el techo paraboloide hiperbólico (hypar) y lo usó para crear edificios innovadores de una ligereza y elegancia impresionantes.
Félix Candela (1910-1997) es considerado el gran maestro de las cubiertas o cascarones de hormigón armado. La complejidad matemática de estas estructuras de cascarón contrasta con la belleza y sencillez de sus formas, su economía, ligereza y resistencia con espesores muy reducidos. En la extraordinaria obra de Candela la técnica se hace arte; el cálculo y la intuición constructiva de Candela aparecen como simples medios para la creación de formas bellas.
Más humana que la arquitectura de ese momento, se deja llevar por un sentido más intuitivo que matemático, la estructura ha dejado de ser un elemento semioculto o secundario para adquirir una primordial y expresiva personalidad. Con fina percepción, Félix Candela ha dedicado su inteligencia al servicio de una audaz imaginación al investigar el campo de las formas ondulantes. Partiendo de la bóveda catalana, ha comprendido todo lo que el comportamiento del hormigón armado podía significar.

El paraboloide hiperbólico, o techo hypar, ejercía una particular fascinación en Candela. Es atractivo y elegante, y su realización requiere solo una fina capa de hormigón, lo que ahorra material y costos. Candela justifica su construcción ya que le conferiría la rigidez, resistencia y estabilidad necesarias.
La capilla de Cuernavaca (1958) muestra el progreso de Candela desde la experimentación estructural hasta el dominio de una forma, representando la culminación de sus experiencias con el tipo de silla de montar de paraboloide hiperbólico, logrando una curvatura espectacular, una altura sorprendente y una delgadez visible que representan las fronteras de la forma.
La Capilla de Cuernavaca fue construida, la mayor parte con 4 centímetros de espesor, tiene una luz de 30 mt. y una altura de 21mt, y su interior es un espacio uniforme y simétrico.

Félix Candela, con sus cáscaras y membranas demuestra su tesis y continuó las obras de la Naturaleza sobre el suelo mejicano.
Ganó una reputación internacional como diseñador por sus exquisitas estructuras de hormigón de capa delgada. Las complejas geometrías de paraboloides hiperbólicos de su Capilla Palmira en Cuernavaca (arriba) son aún más notables cuando se considera que el edificio se inauguró en 1959, décadas antes del uso generalizado del modelado 3D por computadora.





