Hace cincuenta y seis años, en la Expo 1967 de Montreal, ningún pabellón expresó mejor el espíritu de la época que la enorme cúpula geodésica de Buckminster Fuller para los Estados Unidos de América. Un esqueleto de 20 mt. de altura de poliedros de acero cubiertos en una piel translúcida, transmitía los deseos colectivos del momento: la colonización lunar y la salvación a través de la tecnología, en definitiva el control del mundo dentro de una bola gigante.
Fuller, ya en la década de los 60, era considerado un gurú y uno de los arquitectos más destacados por sus esferas geodésicas, las que fue perfeccionando con los diseños y otras ideas relacionadas con el ahorro de energía. Richard Buckminster Fuller nació en un pequeño pueblo de Massachusetts, Estados Unidos, en 1895. Aunque su nombre puede sonar poco familiar en nuestros días, fue una figura pública constante y muy influyente en su país desde la década del 30. Su legado incluye edificios, pero también libros, inventos adelantados a su época, como automóviles de tres ruedas y conceptos que desde que él utilizó, no han dejado de usarse. El término “sinergia”, es un ejemplo y ha trascendido no sólo las décadas, si no también las fronteras.
La biósfera es tan grande que se puede comparar a un edificio de siete plantas con la forma de un icosaedro, y sobresalen las veinte caras resultantes de la intercalación de pentágonos utilizando una rejilla exagonal. Cada cara se fragmenta en serie de triángulos equiláteros, que al final, el conjunto crea una visión de una esfera perfecta.
Para su construcción se utilizaron tubos de acero que no superan las tres pulgadas, los mismos fueron soldados en sus articulaciones y en la parte superior de la estructura fueron suavemente adelgazados, esto creó un perfecto balance en las fuerzas del conjunto.
Actualmente, el diseño posee un trasluz que no fue, originalmente intencionalmente proyectado, donde la transparencia de su estructura da a conocer las peculiaridades de su diseño.
Un incendio de 1976 devoró el recubrimiento translúcido de la cúpula, pero dejó intacta la sólida capa de poliedros de acero. La estructura permaneció inactiva durante años pero en 1995, la cúpula volvió a la vida como el Museo del Medio Ambiente de la Biósfera, con un interior renovado por el arquitecto local Éric Gauthier.



