Actualmente, el diseño estructural incorpora estrategias que permiten mejorar el desempeño de las edificaciones frente a eventos sísmicos. La presencia de una piscina, particularmente en terrazas o azoteas, puede cumplir la función como masa de control pasivo, contribuyendo a reducir la resonancia estructural generada por movimientos telúricos. La masa de agua actúa como un disipador inercial al modificar la dinámica vibratoria de la construcción. En los edificios, la flexibilidad estructural tiende a amplificar oscilaciones horizontales durante un sismo. Una piscina estratégicamente posicionada puede influir en la distribución de masas, alterando la frecuencia natural del sistema estructural y reduciendo el riesgo de coincidencia con la frecuencia del sismo.
Esta desaceleración se produce por el efecto de contrafase entre el desplazamiento de la estructura y el movimiento libre del agua, lo que introduce una forma de amortiguamiento hidráulico que disipa energía. En algunos casos, se proyecta la pileta como parte de un sistema de control de masas sintonizado (TMD), donde la piscina se convierte en un componente funcional para el control de vibraciones. Aunque no se trata de un TMD tradicional, el principio es similar: una masa auxiliar desacoplada, con libertad de movimiento parcial, que ayuda a reducir la amplitud de oscilaciones mediante la transferencia de energía cinética. En edificios expuestos a cargas dinámicas recurrentes, como sismos, vientos extremos o vibraciones, esta solución se vuelve especialmente pertinente.
El diseño estructural debe considerar el efecto de sloshing. Este fenómeno, caracterizado por el movimiento ondulante del líquido dentro de un contenedor, introduce fuerzas dinámicas adicionales que pueden ser aprovechadas o, controladas mediante barreras internas o geometrías específicas que reduzcan el impacto sobre la estructura. La ubicación, el volumen y la forma de la piscina deben ser cuidadosamente calculados para evitar desequilibrios en la distribución de cargas o efectos de torsión. El caso de algunos rascacielos en zonas sísmicamente activas demuestra que una masa líquida bien aprovechada puede representar una ventaja técnica que complementa las estrategias tradicionales de diseño antisísmico, dando lugar a soluciones integradas entre forma, función y resistencia.



