La vivienda se percibe distinta desde el primer momento. La forma y los materiales marcan una lógica propia y la convierten en una presencia clara dentro del paisaje. La casa elige sostener su identidad, generando una relación distante con lo que la rodea para proteger su intimidad, a la vez que se abre completamente hacia las sierras.
La obra corresponde a una vivienda unifamiliar de carácter contemporáneo cuya propuesta arquitectónica se basa en la simplicidad formal, la claridad volumétrica y el uso expresivo de los materiales. El proyecto se concibe a partir de un volumen principal compacto de dos niveles que se eleva sobre un plano más cerrado definido por un muro perimetral de ladrillo. Esta configuración genera una imagen sobria y ordenada, donde la composición se apoya en la relación entre llenos y vacíos, planos horizontales/verticales y el contraste entre texturas. La presencia del muro no solo personaliza la fachada sino que define un límite que ordena el terreno y construye un microambiente interior. El acceso principal se resuelve retirando el volumen inferior para crear un pequeño espacio de transición que jerarquiza la entrada de la vivienda.
Esta solución logra profundidad en la fachada y refuerza la lectura volumétrica del conjunto. El muro perimetral cumple una función fundamental en el control visual y la privacidad, separando el ámbito doméstico del espacio público de la calle. El estilo de la obra responde a un lenguaje minimalista contemporáneo, caracterizado por líneas limpias, ausencia de elementos ornamentales y una composición basada en formas simples y proporciones equilibradas. La materialidad refuerza este concepto mediante el uso de ladrillo, que aporta textura, ritmo y calidez, en contraste con el volumen superior revestido en revoque liso de color claro. La obra se distingue por una sobriedad expresiva que, lejos de limitarla, realza la fuerza de sus formas y la calidad de sus espacios, generando una identidad clara, armónica y atemporal en su conjunto.




