Las repisas flotantes se han convertido en un recurso habitual en interiores contemporáneos. La clave está en ocultar los soportes dentro del espesor del estante y del muro, logrando que la pieza parezca suspendida. El sistema más utilizado consiste en anclajes metálicos ocultos fijados directamente al muro portante. Estos soportes, generalmente barras macizas roscadas se atornillan con tarugos adecuados según el material del paramento, ladrillo macizo o hueco, o placas de yeso con refuerzo interior. En muros de ladrillo macizo, las varillas suelen tener diámetros de entre 10 y 12 mm y deben penetrar en la pared entre 8 y 12 cm como mínimo, procurando que al menos 7 u 8 cm queden anclados en material resistente.
Para cargas mayores o repisas de más de 1 m de longitud, puede incrementarse la penetración a 12 o incluso 15 cm, utilizando anclajes de expansión de alta resistencia. La repisa tiene perforaciones con una profundidad similar o levemente mayor que la longitud expuesta de la varilla para asegurar un encastre firme. Comenzar trazando la línea de apoyo con nivel láser o de burbuja y señalando los puntos donde irán las varillas, respetando una separación aproximada de 40 a 60 cm según la longitud de la repisa. Luego, realizar las perforaciones con mecha del diámetro adecuado. Entonces se insertarán tarugos de expansión tipo Fisher, para después fijar las varillas metálicas asegurando que queden perfectamente alineadas y niveladas.
Verificar que las perforaciones traseras coincidan en diámetro y profundidad con las varillas. La cavidad debe permitir un encastre firme, generalmente entre 8 y 15 cm. Presentar la repisa y deslizarla hacia el fondo sobre las varillas, logrando una repisa donde los soportes quedan completamente ocultos. En algunos casos, se puede complementar el anclaje con adhesivos epoxi para incrementar la resistencia, especialmente en cargas elevadas.




