El color es determinante en la decoración ya que nos permite modificaciones sustanciales en la percepción de los espacios que habitamos. Podemos aclarar los ambientes oscuros, mitigar el deslumbramiento de lugares demasiado iluminados, reducir o ampliar espacios, corregir proporciones y revitalizar lo sombrío y monótono. Si buscamos una forma económica y rápida de cambiar el aspecto de nuestra casa jugar con los colores es la mejor opción.
El color, conjuntamente con la luz, son importantes generadores de sensaciones que van desde el descanso, confort y satisfacción hasta la vitalidad, alegría y tranquilidad, tan deseadas en los tiempos que vivimos. Nuestro hogar debe ser el oasis que brinde todo lo necesario para una mejor calidad de vida.
Artistas y diseñadores que emplean cotidianamente paletas de colores, saben de la reacción característica de cada uno de ellos, de su capacidad de expresión y de la reacción y emoción que generan en nosotros. Para ello debemos saber que cada color que apliquemos influirá de alguna manera en los espacios y por supuesto en el estado de ánimo de las personas que los perciben. La particularidad de los colores varía según se combine con otros.

Podremos pensar en el apasionado rojo, en la tranquilidad de los azules o el equilibrio de los verdes, en la alegría y la libertad de los naranjas y amarillos u optar por el distinguido dorado. Interesantes variantes nos ofrecen los cálidos marrones en toda su gama. Siempre sensuales, simples y elegantes, el negro y el blanco nos ofrecen una nueva perspectiva minimalista.
Nuestro objetivo será encontrar combinaciones de colores con las que podamos identificarnos y sentirnos plenamente a gusto. No es un tema menor, ya que estamos incorporando códigos no verbales que tienen mucho para comunicar.
El color en la arquitectura
En todas las armonías cromáticas se pueden observar tres colores: El color dominante, más neutro y de mayor extensión, que se utiliza para destacar los otros colores que conforman nuestra composición. El color tónico, complementario del dominante, más potente en color y valor y se utiliza como un detalle de audacia en algún elemento (alfombra, cortina, etc.) y el color de mediación, que permite el pasaje entre los dos anteriores.

De manera general el color de valor más oscuro irá cerca del suelo, el valor intermedio a las paredes y el más claro al techo.
Cuanto más fuerte sea la intensidad de un color tanto más pequeña será la superficie que deberá ocupar. Cuanto más débil sea la intensidad, podremos emplearlo en superficies mayores.
Una forma clara sobre un fondo oscuro pareciera que lo invade mientras que una forma oscura sobre un fondo claro resulta invadida y parece encogerse. El efecto es parecido cuando contrastamos colores cálidos (rojos, naranjas) y fríos (azules, grises) pareciendo que las superficies de colores cálidos son más extensas y las de colores fríos más pequeñas de lo en realidad son.

Generalmente los colores que vayamos a emplear adquieren mayor luminosidad con un fondo agrisado o claro y reservaremos los más intensos para detalles o en partes inferiores del ambiente.



