Cada vez son más las personas que elijen mantener los muebles viejos que tienen en sus casas y solamente darles una “lavada de cara” para renovar aquellos espacios que necesitan verse de un modo diferente. La decoración y las ganas de mejorar algún lugar, van de la mano del buen gusto y de las posibilidades económicas que nos toquen vivir. Por eso, muchas veces es una muy buena opción salvar esos muebles que nos acompañaron tanto tiempo y restaurarlos, dándoles un toque distintivo.
CLAUDIA MARCELA AHUMADA, es una cordobesa de 38 años que hace 20 que vive en San Luis.
Estuvimos con ella en su taller ubicado dentro de una playa de estacionamiento en la calle Lavalle, entre Rivadavia y Colón, y nos contó de qué se trata el trabajo que desarrolla diariamente hace más de 13 años.

– ¿Cómo fue que empezaste a trabajar con muebles y pusiste tu propio taller?
– Me vine a San Luis para estudiar psicología en realidad. Acá conocí a un amigo que tenía una mueblería y comencé a trabajar con él. Con el tiempo me di cuenta que ese lugar me quedaba chico y que podía hacer cosas por mi propia cuenta, así que ahorré plata compré algunas máquinas y puse mi taller. Hoy me sigo relacionando con mi antiguo jefe y amigo y muchas veces él es quien me manda los clientes.
– ¿Por qué ATHEKUM?
– Athekum es una palabra de origen mapuche. Significa arreglar bien algo que estaba deteriorado, y eso es a lo que me dedico.
– ¿Qué haces en tu taller específicamente?
– Principalmente me dedico a hacer lustre y restauración de muebles de madera. Lustro muebles nuevos, vírgenes o restauro aquellos que ya están en las casas y necesitan ser renovados o reciclados. No hago muebles ni los tapizo, sólo los restauro y lustro. Este es un oficio que yo tomo como un servicio al cliente.
– ¿Con qué elementos trabajas?
– Empecé de una manera más industrial, con soplete, luego utilicé barniz, sellador, lacas sintéticas y ahora estoy trabajando con poliuretano. Este es el elemento más durable porque se trata de un material duro, resistente y lavable.
– ¿Estos elementos son tóxicos? ¿Cómo te proteges de ellos?
– Son muy tóxicos. Siempre me cuido con máscaras de goma, con filtros que se renuevan cada un mes, también con antiparras y guantes. Además, hay que tomar mucha leche, tres litros por día para purificar la sangre. Tengo extractores de aire y el polvillo es muy peligroso.
– ¿Cómo es tu relación con los clientes?
– Siempre es muy buena y se basa en el respeto. Sobre todo cumpliendo los plazos de entrega. Acá en San Luis trabajo con diferentes mueblerías, arquitectos, diseñadores, con clientes particulares o empresas. Son los clientes los que me contactan principalmente a través de “un boca en boca”. Muchas veces las personas ven cosas que yo he hecho y les gustan, y me recomiendan a sus conocidos, que luego se acercan para que les ayude a decidir qué hacer con sus muebles viejos.
– Si pudieras definir algo que te caracterice en tu trabajo ¿qué sería?
– Creo que soy muy prolija en lo que hago. Si me tengo que definir de alguna manera, es por un trabajo bien hecho. Prefiero demorarme pero que el cliente quede conforme. Considero que soy muy detallista y eso es lo que se me reconoce. En este oficio tenés que tener paciencia y constancia, a las apuradas las cosas no salen bien y se estropea el trabajo.
– ¿Cómo es el paso a paso en tu oficio?
– Primero se acerca el cliente a consultar y me cuenta qué es lo que quiere hacer, después voy a la casa, yo siempre visito al cliente esté donde esté para ver el trabajo que hay que hacer, elaboro un presupuesto, se lo muestro al cliente y si nos ponemos de acuerdo, me dispongo a buscar el mueble. Lo traigo al taller, lo arreglo y se lo devuelvo terminado. La persona que me dio su mueble sabe en las condiciones que lo entregó y cuando lo ve terminado valora el trabajo realizado. Es muy reconfortante.
– ¿Tenés gente en este momento que te ayude?
– No. Por ahora estoy sola. Por ahí prefiero que sea así, ya que si tomo a alguien tengo que enseñarles y se pierde mucho tiempo. La madera es un elemento delicado, hay una cierta manera de lijarla, de pulirla y sólo se puede hacer de esa forma.



