Una obra Complejo Penitenciario Pampa de Las Salinas

La Botija

La Botija

Los servicios penitenciarios en el mundo varían de una manera asombrosa. Algunos se destacan por los lujos que poseen, otros por las mayores condiciones de seguridad y la tecnología con la que cuentan, otros por las actividades de reinserción que en ellos pueden realizar los internos y hasta por la cantidad de dinero que se debe pagar para alojarse en establecimientos que son comparados con los mejores hoteles del planeta.

En un principio eran utilizados como lugares de paso, es decir, lugares intermedios entre el arresto que realizaban los hombres de la ley y la condena efectiva.

La estadía era por un breve período de tiempo y eran retenidos aquellos identificados como marginados sociales (delincuentes, locos, enfermos, vagabundos y prostitutas).

La Botija

Con la llegada de las sociedades democráticas, comenzó a prevalecer la reeducación y la reinserción de estos marginados. Además de castigar con el aislamiento a los criminales también se buscó generar un trato humanitario, eliminar el trabajo forzoso y las torturas que anteriormente existían e impartir en ellos conocimientos destinados al aprendizaje de diferentes oficios.

El 18 de julio quedó formalmente inaugurado el complejo carcelario situado en La Botija, localidad sanluiseña ubicada en la zona conocida como Pampa de las Salinas, muy próxima a las provincias de La Rioja y San Juan. En un predio de 42 hectáreas se construyeron 17 mil metros cuadrados, distribuidos en seis garitas de seguridad y tres edificios, cada uno de ellos reagrupados en áreas de servicios, áreas técnicas y administrativas, según el destino que les sea asignado. Se construyó, además, un albergue para los agentes del servicio penitenciario.

Este proyecto, que costó cerca de 175 millones de pesos, ha sido pensado con la finalidad de descomprimir el complejo penitenciario existente en la ciudad de San Luis y su localización pretende generar un nuevo polo de crecimiento para localidades aledañas, tanto a nivel económico como urbano.

En el espacio común hay mesas con taburetes amarrados para compartir las comidas
En el espacio común hay mesas con taburetes amarrados para compartir las comidas

El concepto edilicio se basa en recomendaciones de La Organización de Las Naciones Unidas (ONU) en cuanto a asegurar las condiciones mínimas de habitabilidad: las celdas deben tener al menos ocho metros cuadrados y tienen que albergar a un solo recluso. Tiene capacidad para albergar a 236 internos y la flexibilidad de su diseño permitirá un posible crecimiento futuro.

Este establecimiento carcelario es mixto de media y alta seguridad y contará con tecnología de avanzada. Tiene un tendido de fibra óptica que viene desde la localidad de La Punta y abastece todo el complejo. Además, tendrá un enlace por radio frecuencia desde el complejo hasta el nodo de la Autopista de la Información más cercano, que se encuentra en la localidad de Baldecito de las Pampas, San Luis. Dicho enlace será utilizado como respaldo (backup) para las comunicaciones del complejo.

Otra de las características para mencionar es que el predio está rodeado de una doble hilera de alambrado perimetral con sensores de contacto que evitan el uso de barrotes o rejas.

La Botija

‘Odia al delito y compadece al delincuente’escribía Concepción Arenal en 1861. Esta máxima ocupó las paredes de las prisiones españolas durante décadas. Han pasado 150 años desde entonces y las teorías de la pensadora y activista social española siguen de actualidad. Fue la primera mujer que ostentó el título de visitadora de cárceles, otorgado por el Ministerio de Justicia en 1863 y no dudó en afirmar que «Se llama promulgar las leyes, a imprimirlas en un papel o en un libro, donde las estudian los que han de aplicarlas, donde no las leen ni las oyen leer aquellos a quienes han de ser aplicadas. Debería formar parte de la educación el conocimiento del Código penal, principalmente para aquellas clases que están más expuestas a infringirles. Los criminales son personas y no son cosas, sufren la pena impuesta por una ley cuya letra, cuyo espíritu y cuya moralidad desconocen. Considero una prisión como un hospital, solamente que en vez del cuerpo tenéis enferma el alma, y que las dolencias son el resultado de los excesos del paciente. Muchos de vosotros han delinquido a veces por la ignorancia, la miseria, la mala educación. Muchos de entre vosotros, la mayor parte, llegasteis por primera vez a la prisión culpados pero no execrables; extraviados, pero no perdidos. Al veros había mucho que temer, pero también había mucho que esperar.”

Este artículo se publicó en la edición 22 de Vivir Urbano. Leer la edición completa