“ … Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón…” Fragmento de “Instrucciones para subir una escalera” de Julio Cortazar.
La historia de las escaleras se remonta a las primeras civilizaciones, eran precarias, construidas con troncos y se utilizaban para sortear los accidentes geográficos lo más rápido posible. Luego se les otorgó un sentido religioso interpretando que eran el nexo entre el cielo y la tierra, alcanzar la gracia divina o el ascenso al sol, llegar a la luz y a los Dioses. Luego surgen las escaleras de los Castillos medievales y es el nacimiento de la escalera caracol. Más tarde durante el Renacimiento se las despoja de las cuestiones religiosas y feudales para posicionarlas como elemento de diseño, cambian sus dimensiones y se tornan amplias y elegantes como ícono de prosperidad, tanto que ya no sólo se construyen en el interior de los edificios, sino que se las lleva al exterior como un valioso componente de las fachadas. En el período Barroco (siglo XVII) adquieren suntuosidad y sofisticación. Miguel Angel construye en el 1570 la famosa escalera de la Biblioteca Laurenciana consiguiendo plasmar en la rampa de tres tramos las formas manieristas dentro del campo arquitectónico. Testigos de la historia y cargadas de ideologías las escaleras entran en el siglo XX para bailar al ritmo de los materiales y adquiriendo las más variadas formas. Así llegamos a esta corriente arquitectónica llamada minimalismo donde se reducen a lo esencial, despojadas de trivialidades donde hasta los materiales recuperan su simplicidad. Así las encontramos en madera, vidrio, acero, acero inoxidable o una amplia y sobria combinación de ellos. Con escalones que parecen flotar en el aire o suspendidos de estructuras inexistentes. Peldaños transparentes o transparencias en las tácitas contrahuellas. Amplitud y simplicidad no excluyen su imponente elegancia. De formas inimaginables desafían el sentido común y fortalecen la consonancia de un estilo armónico y estético.







