A la vera de la ruta 20 en Las Chacras, un viejo edificio con reminiscencias industriales de comienzos del siglo XX pelea contra la furia del viento, para que no le arranque las últimas tejas. De sus grandes ventanales sólo quedan algunos cristales hechos añicos, además de tres desmanteladas turbinas que entregaron sin descanso, energía a la ciudad de San Luis por casi 40 años.
“La Hidro”, como antiguamente la llamaban los vecinos, fue la primera usina hidroeléctrica en la provincia, que trabajaba con agua provista por el dique Potrero de los Funes. Hoy oculta tras enormes plátanos y una espesa cortina de ligustros, también presenta visibles rajaduras en las paredes, que ponen en riesgo su pintoresca, aunque ya deteriorada, estructura.
Por ella reclamaron los habitantes de San Luis en 1930, cuando su construcción quedó detenida. El servicio, entonces a cargo de la Compañía de Electricidad de Buenos Aires, cubría con suerte ocho horas del día. Las calderas primeramente a leña, ubicadas en Chacabuco y Junín, comenzaban a trabajar a las 18:30 en invierno y 21 hs en verano, para ser apagadas después de las 2 de la madrugada.

El reducido horario de luz artificial, sin embargo, era un detalle frente al elevado precio que cobraba la empresa a través del municipio, por una prestación que los usuarios consideraban deficiente. Situación que provocó además una gran mora de la comuna con la compañía, cuyo gerente tampoco dudaba en dejar a oscuras la ciudad durante semanas, hasta lograr la cancelación de parte de la deuda.
La construcción de una usina hidroeléctrica, según el proyecto impulsado por el gobernador Arancibia Rodríguez, permitiría abaratar el costo de la energía y disponer del servicio todo el día.
El agua la proveería el dique Potrero de los Funes, que debió elevar su antiguo muro para aumentar la capacidad de embalse, de acuerdo a los estudios de factibilidad que en 1926 realizó Arturo Auderut, técnico enviado por Obras Sanitarias de la Nación.

La obra, que en un principio saldría 300 mil pesos, acabó costando el doble, ya que fue necesario instalar otra estación en la ciudad, para transformar la energía producida por Las Chacras. Este nuevo edificio tendría además un equipo auxiliar de motores diesel, formados por dos grupos electrógenos de 150 kw de potencia, que garantizarían la producción de luz y fuerza ante cualquier eventualidad.
Para marzo de 1929, cuando la Compañía de Electricidad de Buenos Aires anunciaba con un toque de sirena a las 21 hs, el inicio del suministro de energía todos los días, la construcción de la usina hidroeléctrica ya había comenzado. Desde Francia venían en viaje cien toneladas de materiales para su montaje, mientras los industriales locales se ilusionaban con el aprovechamiento de la fuerza motriz en sus establecimientos.
Antes de concluir el año los trabajos en Las Chacras estaban a poco de terminar. Habían sido colocados los cables hasta el Puente Blanco y faltaba sólo la estación conversora en avenida Quintana, actual Illia, y San Martín (donde hoy está el Correo). La inminente puesta en marcha de la central obligó finalmente a la cuestionada concesionaria, a prolongar el servicio las 24 horas, además de rebajar sus tarifas, preocupada porque no le renovaran el contrato.

Con el cambio de gobierno las tareas quedaron paralizadas. La compañía, llamada ahora “de Los Andes”, había conseguido extender la concesión y ofrecía a los puntanos comprar todas las planchas a carbón o kerosene, acreditando 1,50 pesos por una eléctrica. La gestión ante la Nación, del entonces gobernador Laureano Landaburu, permitió recién a fines de 1932 retomar la obra en “La Hidro”.
Los trabajos, no obstante, volvieron a interrumpirse, pero el gobierno igual llamó a licitación su explotación, desistiendo del proyecto original promovido por Arancibia Rodríguez, de que la provincia tome a su cargo la prestación del servicio.
Durante su mandato, el titular del ejecutivo había buscado comprarle también al holding las instalaciones que tenía en el triángulo de avenida Illia, Chacabuco y Junín.
Las insistentes ofertas presentadas por la Compañía de Electricidad para operar “La Hidro”, generaron malestar entre los vecinos que armaron un Comité Popular de Resistencia. Pero de nada valió su oposición, al terminar la Municipalidad cediéndole el manejo de la nueva central a la empresa. Hasta que en 1946 el gobierno peronista expropió el servicio eléctrico y pasó a la órbita de la Dirección Nacional de Agua y Energía.
Transcurridos casi cincuenta años, de cuando la estación de Las Chacras dejó de funcionar, su estado es completamente de abandono. Turbinas, amperímetros, fusibles e interruptores desparramados por todo el edificio, nos hablan de un tiempo lejano, cuando la electricidad recién llegaba a San Luis. Un museo olvidado, con piezas únicas e irreemplazables, a las que nadie hoy les lleva la corriente.



