Una obra Arquitecto Facundo Sanchez Gil

Recostada en la piedra

Recostada en la piedra

Las características topográficas del terreno muchas veces proponen un desafío o un obstáculo por sortear, suele ser un fuerte condicionante en el diseño de una casa. Pero en otros casos, como en este, es una oportunidad de aprovechar la topografía como parte del diseño. Un terreno rocoso a pié de la sierra y con grandes desniveles, es donde la casa se asienta con mucho respeto por la naturaleza y las características del lugar.

La vivienda se resolvió en dos niveles. El nivel inferior para la vida social, pensado como un espacio abierto sólo con divisiones virtuales. En el nivel superior se ubicaron los tres dormitorios, uno de ellos en suite y los otros dos compartiendo un amplio baño subdividido, también se diseñó una terraza accesible, con vistas privilegiadas hacia el contrafrente y hacia la sierra. El estar, separado virtualmente del comedor y cocina, está situado hacia el frente de la vivienda pero el aventanamiento se ubicó privilegiando las visuales hacia el fondo y el jardín lateral, dándole un carácter de cierta introspección.

El increíble comedor con doble ventilación (hacia los patios y a la galería) no sólo se ve favorecido por las posibilidades visuales, sino por la enorme luminosidad y el efecto de continuidad creado a través de las grandes superficies vidriadas que lo vinculan a las áreas verdes, reforzando la sensación de espacialidad. La cocina integrada con el comedor, se vinculan a la galería posterior para establecer la integración con el patio y la pileta.

Recostada en la piedra

En el centro de la casa se ubica la escalera, resuelta en madera y con detalles de piedra, organiza las circulaciones en ambas plantas. Morfológicamente, se resolvió en estilo minimalista, con volúmenes puros, blancos y con algunas ventanas en ángulo. Estas son herramientas suficientes para crear las atractivas fachadas que interactúan con el entorno. El nivel superior está concebido como un volumen puro que vuela hacia el frente, y en uno de sus extremos, se apoya sobre un peñasco natural. Estos volúmenes tienden a cerrarse hacia la calle en busca de privacidad, y abrirse hacia el fondo del terreno, donde la galería y la pileta toman protagonismo y disfrutan de la mejor orientación.

“Menos es más” diría el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe. La frase implica reducir todo a lo mínimo, a los elementos esenciales que componen la vivienda. Todo lo demás distrae, y en esta vivienda de volúmenes simples, de líneas rectas y desprovista de ornamentación, el concepto se aplica a la perfección. Interiormente, la propuesta armoniza con las decisiones arquitectónicas proyectadas: blanco y colores claros, con pequeños detalles en color y tanto los revestimientos como el moderno mobiliario, exponen la misma pureza. Con premisas claras, la sustentabilidad del proyecto fue abordada desde el comienzo. Orientaciones favorables teniendo en cuenta los vientos predominantes, luz natural en cada uno de los espacios, aprovechamiento de las generosas visuales y ventilación cruzada, logran grandes beneficios, no sólo energéticos sino de mayor confort para sus habitantes. Se eligieron materiales nobles y rústicos con revestimiento texturado blanco en contraste con el verde del jardín y las sierras circundantes. Piso adoquinado y piedra completan la fachada. Como no podía ser de otra manera, en cada rincón de esta vivienda se respira una atractiva síntesis de diseño, función y contexto.

Recostada en la piedra
Recostada en la piedra
Recostada en la piedra

Este artículo se publicó en la edición 45 de Vivir Urbano. Leer la edición completa